19 de diciembre de 2008

Adios...

Hay despedidas que, como los amores, duran toda la vida. Pérdidas que, muy lejos de difuminarse lentamente hasta desaparecer, se van clavando hasta matarte. De eso moriremos algunos, de pena, por dejarnos arrastrar por esas ausencias asesinas.

Otras tantas, también como los amores, duelen durante un período determinado, en el que más que caminar por la vida, arrastras los pies con desgana pidiendo a gritos topar con alguien que te ayude a salir de ésta.

Las provisionales (seguimos hablando de despedidas) tienen su gracia, porque, a pesar de que el intervalo de ausencia no suele ser largo, sabes que terminarás viviendo nuevas historias que, a pesar de no ser las tuyas, las sientes como tal. Nunca estuve en Nicaragua, pero conozco hasta las calles que el paso del tiempo olvidó.

Pero lo peor de todo son las partidas en las que ni siquiera hay tiempo para despedirse. Y los días están cargados de imperfecciones y malas noticias; sólo deseas que pasen deprisa, y esta vez no es por volver a verte, sino por superar tu pérdida. También esperas un llamada, que no viene; o un encuentro inesperado que, lo sabes, tampoco viene, ni vendrá.

El destino no perdona. Y cómo dice Jor, si no es hoy, hubiese sido ayer, o mañana... Es por ello que, con una buena dosis de achuchones amigos, la fuerza incansable de su presencia, los buenos recuerdos y la indiferencia de las puñaladas, consigo, feliz, brindar por tiempos mejores.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Donde has estado todo el fin de semana apavá? Te he llamado unas cuantas/muchas veces. ¿En orden todo?

Mariajo dijo...

El viernes demasiado alcohol para mi edad. Sábado por la mañana resaka, comida familiar y tarde por un estilo. Y hoy imagino que haciendo las últimas compras... así que sí, todo en orden ;)
Te veo el miércoles?