29 de junio de 2009

El sueño de la razón produce monstruos




Harta de utilizar plurales, me enfundo en un utilísimo velo de nácar que oscurece cualquier interacción con lo cotidiano. Busco algo parecido a un semblante simpático, capaz de contener el más minimo atisbo de sospecha y encuentro un vestido de color gris ceniza que deja al aire el comedido trabajo diario de algún sol furioso pero libre. La fiebre y el sudor, esta vez compartidos, producen ruidos extraños, seguidos de silencios cada vez más insoportables. No hay actividad frenética, porque todo se reduce a conformismo temporal. No existe razón alguna que pueda señalarme con ese dedo de aburrimiento y ahogo. No existen normas que acatar, ni caminos rectos, ni caminos. Nada de lo que sube, necesariamente ha de bajar, ni hay que poner buena cara al mal tiempo; y las sombras son sólo indicios de que, más o menos cerca, resplandece un chorro de luz. Lo pasado se ha apresurado, más de la cuenta, en desaparecer, y al otro lado, intuyo un futuro con olor a mermelada de melocotón y cosquilleos en el estómago.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mañana a las 13.15h llega mi avión. ¿Me invitas a comer? ¿Sabes? En el fondo... sigues siendo aquella cría...

Mariajo dijo...

Gracias Sandra.

Lecram dijo...

Dice un proverbio chino que la noche es más oscura justo antes del amanecer...