29 de octubre de 2013

.. pero es Madrid

Recuerdo una tertulia literaria en la que Ana M. Matute explicaba que el auténtico concepto de añoranza hacia la que fue su ciudad (Barcelona) le invadía en el momento en que concebía que era incapaz de sentir su olor cuando soñaba que paseaba por las calles del centro. Los sueños, tan cargados de connotaciones mágicas y figuras literarias poseen terribles limitaciones vitales. A menudo sueño que paseo por la calle Montera, de camino a la oscura pensión que ahuyenta los miedos engendrados durante el año. Pero poco tiene que ver ese episodio mental y momentáneo con el frío que te cala el alma, mientras tarareas alguna canción de Leiva. Menos aún con la calma que te invade el saberte sola, en una ciudad donde a nadie le interesan los subrayados que regalas al libro de Vila Matas que justo terminas de leer.
Madrid me gana, en la inusual batalla por recuperar el tiempo perdido. Me regala la necesidad de cambiar el teléfono móvil por un trago de ron en el número 8 de la calle Libertad. Allí conocí a Annie Hall, y allí también me enamoré de ella ¿cómo no hacerlo? Me pregunto qué sería de mi vida si decidiera huir para siempre a ese barrio de libros ajados e historias tristes. Todo este montón de sílabas ajustadas a mi imaginación inconexa tienen ese único escenario. Y, entre tanto, los días van pasando, robándole horas al final. Y yo me entretengo pintando dos puntos suspensivos a mis sueños, en un acto de rebeldía hacia ese término incompleto y suicida. 

2 comentarios:

David Martos Martínez dijo...

Grandiosa entrada, criatura. Tu y tu mente.

Mariajo dijo...

¿Sabes que el conserge de la noche se llama Enrique González? Fantaseo cada mañana con la idea de que me susurre al oido "es una historia que se escribe en los portales.."
:-)