“Sólo a oscuras se puede ver el alma de las piedras. Cada una tiene el alma de un color y de una forma distinta. Con la gente no sirve, chavales, sólo funciona con las piedras. Para la gente todavía no se ha inventado nada.”
Ninguna dirección debería estar prohibida. Prohibir es una palabra tan peligrosa que resulta digna de almacenaje eterno. Como mucho, debería prohibirse el aburrimiento. O los guisantes. De la misma manera, tampoco debería existir el daño gratuito, porque, puestos a herir, tengamos clara la recompensa, si es que atinamos a encontrarla... Llamar a un tiempo verbal “pretérito imperfecto” es algo más que un capricho semántico. Pero jamás existió combinación de palabras más injusta, ni argumento más cobarde: amor imposible.
Miran al cielo y piden un deseo: contigo la noche más bella. Amores imposibles que escriben en canciones el trazo de una estrella. Cartas que nunca se envían. Botellas que brillan en el mar del olvido. Nunca dejes de buscarme la excusa más cobarde es culpar al destino.
Hace algunos años sentí la necesidad de establecer los pilares de mi vida. Era una época de preocupaciones constantes, sobre todo a nivel laboral. No hubo opción, o enloquecía o construía una pirámide de prioridades entorno a las cuales colocar cualquier acto, causa y consecuencia. Tampoco tuve que reflexionar demasiado, mis pilares son (en este orden): familia/pareja, amig@s, música/ocio y trabajo. Estas cuatro palabras interactúan constantemente, y digamos que dan un poco de sentido a la mayoría de mis actos. Para encontrar un poco de equilibrio, molaría pensar que yo también formo parte de los pilares que mencioné. Y, en un derroche de autoconcepto, he de decir que estoy casi segura de ello. Por lo tanto, tengo bastante claro el porqué de prácticamente todo; el resto, y no caeré en la diplomacia, me la trae al pairo.
La libertad es la posibilidad de mantenerse aislado. Eres libre si puedes apartarte de los hombres, sin que te obligue a recurrir a ellos la falta de dinero, o la necesidad gregaria, o el amor, o la gloria, o la curiosidad, cosas que ni del silencio ni de la soledad pueden alimentarse. Si te resulta imposible vivir solo, es que naciste esclavo. Puedes poseer todas las grandezas del espíritu, todas las del alma: serás un esclavo noble, o un siervo inteligente, pero no serás libre. Y no es que sea culpa tuya esa tragedia, porque la tragedia de haber nacido así no es culpa tuya, sino exclusivamente del Destino consigo mismo. Ay de ti si, habiendo nacido libre, capaz de bastarte a ti mismo y vivir apartado, la penuria te fuerza a convivir. Esa sí es tu tragedia, la que arrastras contigo. Nacer libre es la mayor grandeza del hombre, lo que hace al humilde ermitaño superior a los reyes y a los mismos dioses, que a sí mismos se bastan por la fuerza, y no por el desprecio de la fuerza.
"Gracias a toda la gente que con su lucha cotidiana y anónima nos regala el sortilegio nemotécnico, el recuerdo incandescente que impide olvidar qué debiera ser la vida"
Estos son los agradecimientos de "Acuérdate de vivir", el último trabajo del maestro Serrano que hoy mismo ha salido a la venta (y el cual tengo ahora mismo entre mis manos gracias a tu infinita generosidad y atención). ¿Qué debiera ser la vida? Un sorbito de vino en cualquier taberna de La Latina, un abrazo amigo, saborear el lujo de haber ayudado a alguien, compartir tequila e inquietudes con un hombro cercano, volver al lugar dónde te vi por primera vez y sentirme como entonces. Recordarte y sonreír, no tener que recordarte porque estás aquí. Disponer de un millón de canciones dónde refugiarte, llorar de alegría, y de tristeza (vivir también es perder), soñarte, de día y de noche. Leer diez veces un poema de Neruda y tener que hacerlo una vez más; formar parte de las minorías, escuchar el sonido de la lluvia y el de la libertad, regalar un montón de "te quieros", de los de verdad, de los que salen así, sin pensarlos, ni medirlos.
Pero a pesar de todo, debo terminar con esta entrada. Se hace tarde, y va siendo hora de esquivar a la vida para volver al agitado devenir del paso del tiempo. Además, hoy echan un partido de fútbol, no sé, dicen que es algo importante.
Esta mañana alguien me transmitió un mensaje de despedida. Son esos mensajes que cambian el rumbo de la vida, que, aunque parezcan inocentes y hasta simpáticos, cierran la puerta de la admiración y la confianza. Esta entrada es corta, como casi todo. Salvo esas vacaciones, que, en lo que a mi respecta, van a ser infinitas.
Según la madre de Rafa, sus canciones se dividen en dos grupos: las bonitas y las otras. Dentro de "las bonitas" está "nos". Con ella me despido durante unos días, en los que trataré de ordenar un poco todo aquello que jamás debió desordenarse.
PD: "Porque nos tenemos el uno al otro, pero somos como fotos colgadas de la pared. Nos buscamos, nos tocamos, pero a veces olvidamos lo que nos cuenta la piel". Escucharla el viernes contigo ha sido el segundo mejor momento del fin de semana ;-)
Y cuando terminó de caminar, se volvió hacia atrás... para reconocer a una extraña figura, tal vez humana, que había engullido todos y cada uno de los pedazos de pan que había ido dejando en el camino como única posibilidad de volver a los días grises. No pudo contener la alegría, por fin era libre.
Un tiempo en el que la perspectiva de futuro terminaba a la vuelta de la esquina, o en el último cuadrado de esa rayuela que nos marcaba el camino. Entonces no conocíamos fantasmas, ni despedidas. Las tinieblas no eran más que el refugio de "los malos", fácilmente reconocidos por su aspecto siniestro y decadente. En ese mismo tiempo la libertad no era más que el poder cambiar de calle a escondidas y el mundo se escondía alrededor de una manzana. El tiempo perfecto era el presente, el imperfecto vivía, a duras penas, en conversaciones adultas. Sandra, que muchas veces dormía en mi casa, tenía un Cinexin, verdadera fuente de momentos felices. Hoy, que quise regresar a aquel tiempo, dí con él. Durante escasos tres minutos todo parecía tener sentido.
Para qué vamos a disfrazar la realidad y andarnos con artificios literarios: hoy ha sido un día jodido. Sí, y no ha sido cosa del tropezón primaveral, ni caprichos astrales, o mala hostia del lunes... Demos la bienvenida a la vulgaridad y el mal gusto para culpar, otra vez, a esa enormidad que se hace llamar "hijoputez" humana. Y es que, por más que aplico la poca inteligencia que dios me ha dao, ecuaciones humanísticas y hasta análisis factoriales, no llego a comprender qué extraña fuerza mueve a ciertas personas a ser tan sumamente gilipollas. Pero el tema no suele terminar aquí, porque claro, que uno sea un imbécil, en principio, no ha de ser motivo de enervamiento ajeno; el conflicto se produce cuando se sobrepasa la barrera interna o personal... Me molesta profundamente el daño gratuito, el doble juego de acciones y reacciones, pensandas (malpensadas)... Es una gran putada que este tipo de entresijos maquiavélicos, disfrazados de sonrisa, estén más que aceptados socialmente. Y luego nos escandaliza el ruido de un portazo...
En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre. En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
-Llave, por llave -me dice Mario Benedetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.
Estaba encerrao para no ver a nadie, abrí una rendija para oir el aire y oí “ven pacá, cagüendiós”, yo creí que eras... tú, aullaron los vientos con su escandalera, “no veas compadre, la que hay aquí afuera”, no quiero saberlo, llevároslo todo, dejadme el silencio...
... dejadme que os cuente mi cuento de herida y caricias, mi historia de nadie, mi nana del hambre, todas mis mentiras, tal vez embelese y te bese cortándome a tiras, si buscas deslumbre y encuentras alambre será que descuidas,
más que agua es aguarrás, lo que sudo al despertar si te veo pasar sola, se hacen charcos, se hacen olas, y yo un barrio de chabolas que te quiere bien, pa que te acuestes en él, pa que te pierdas con él,
... dejadme que invente que un tren es la libertad mía, que va donde quiero, sin más traqueteo, sin más tontería, tal vez no reviente de ganas de andar por la vía, con penas a miles, borrando raíles, borrando los días,
más que agua es aguarrás, lo que sudo al despertar si te veo pasar sola, se hacen charcos, se hacen olas, y yo un barrio de chabolas que te quiere bien, pa que te acuestes en él, pa que te pierdas con él,
no sé nada de correr, no sé nada de ascender, de esta mierda de arcoiris, del cigarro de después, no sé, si la vida pasa en cueros, castigao a la pared, no sé nada de aguantar, no sé nada de achuchar, de ponerme de rodillas, de llorar para mamar, no sé, en cuanto acaben los tiros garabatos al papel, que si me quedo con los dientes relucientes y embarrao el corazón, tu tic tac y el mío son el mismo son, y eso sí que no...
... dejadme que os cuente mi cuento de herida y caricias, mi historia de nadie, mi nana del hambre, todas mis mentiras, que ésta es la pataleta que nos da mientras suspiras, lo que queda del atraco que le dimos a la vida, de las mantas que liamos todavía queda alguna, esto queda de los halos que robamos a la luna, y voy entrándole al día, y al salir le dejo la alfombra de mierda perdía, que no se le olvide el planeta en que vive, y otra vez a la acera, y así me da la mañana y la tarde y la noche entera... ... y a la mierda primavera.
Ciertamente. Entre las muchas cosas que pasamos por alto en el viaje, están los olores. "Esta casa no huele a amor". Quizás el motivo sea la fuerza ejercida sobre una cerradura, o el miedo a ser feliz. En cualquier caso, siempre nos quedará tiempo para girarla unas diez vueltas. A lo mejor entonces, guiados por esa nota mal escrita, volvamos al lugar donde nos conocimos; no podía ser otro: una pista de baile.
Aún te recuerdo... con la palma de tu mano en mi jardín, con la voz de mi piano en tu reloj, con tu acento acariciándome el amor...
Aún te recuerdo... goteando notas de felicidad, con tu mala suerte y mi ropa interior, con las ganas de parar el ascensor...
Te recuerdo como un niño en día de reyes sin tambor, como olas de una playa en mes de abril, escribiéndote en la arena "ven a ver".
Te recuerdo como un preso recordando libertad, con la duda de si has olvidado ya entre el llanto de los ruidos de ciudad.
Hay un niño en el mercado que me mira con tus ojos, ya no sé si por momentos eres tú. Llega tarde el colectivo y me entretengo con el guiño del volar equivocado de un avión.
Con sus alas, soñándome ya con ellas, esquivando nubes, desnudarte como lo hice ayer. Que, antes de que pise tierra, tiembles de temor sabiendo la locura que en tus labios fui a beber.
No me atrevo a abrir los ojos, pues te juro que hace un rato es tu voz la que escuché, casi gritando.
Y, de no ser tu rostro, acabaría con todo: con los ríos, las cosechas, los mares, la poesía...
Nadie va a hacerme reír si no es tu risa.
Andrés Suárez
PD: Le tendremos de nuevo esta semana por aquí. El miércoles en la fiesta de presentación de les Nits de l'Art y el jueves en la Sala Zacarías (con banda). Y yo estoy feliz de que, nuevamente, mi casa sea tu casa :-)
A pesar de haber estado unas cuantas veces en Madrid, todavía no he tenido la oportunidad de visitar El Prado. Si, por variar un poco, los planes deciden seguir de pie, dentro de poco espero plantarme delante de la colección de Goya y dejar pasar el tiempo hasta que alguno de mis compañeros piense en acercarse a mi y cerrarme la boca. Siempre he sentido una extraña y angustiante atracción hacia "El sueño de la razón produce monstruos", no sé si por su retorcida belleza, por la parte romántica del asunto o, sencillamente, por su inquietante mensaje. El caso es que a mi, que razón no me sobra, me aterran los monstruos (dentro del género "monstruo" los hombres lobo se llevan la palma). Por eso, suelo luchar por conservar ese lado racional de las formas, pero me pierden los matices, y las contradicciones, y me encanta descolocar lo que alguno creyó colocar, e incumplir alguna que otra norma... Es muy posible que esa sea la causa de enfado de esos monstruos que algunas noches vienen a visitarme en forma de sueño... Lo mejor es vencerles, dormirse al lado de un buen recuerdo y vivir, con los ojos cerrados, todos esos momentos que durante el día la razón te arrebata. Feliz fin de semana llena de sueños.
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría.
Mario Benedetti
PD. La alegría. No estaría de más que, de tanto en tanto, lucháramos por recuperarla... puestos a luchar por causas justas...
Es lo importante. El día no ha comenzado en orden. Cuando los días no nacen ordenados, parece que vivan mosqueados, y no hay dios que les robe una sonrisa, o una palabra amable. Por mucho que te esfuerces en comprenderlos o escucharlos, no sueltan prenda. Así que la mejor opción es aceptar que, sí o sí, te esperan 24 horas de inquietud, parábolas y repetición. Aquí no hay música que valga, ni desconexión posible: el reloj te llama inepta, el teléfono, callado, evidencia un poco más de soledad y al fogón le da por llamar la atención y oscurecer (más de la cuenta) lo que fuera el principio de un momento privilegiado. Como no encuentro forma de dialogar, decido acabar a hostias con este caprichoso 4 de marzo. Por eso, marco tu número, después el tuyo y, finalmente, el de usted. Acabo de colocar al de las manillas en el segundo cajón, junto con el estúpido ese que de vez en cuando hace "pi-pi". Al pastel de queso le deben faltar unos 10 minutos. Los momentos privilegiados merecen otra entrada...
Ayer escuché esta cancioncita, con Lucas y Rafa... no pude dejar de pensar que me gusta cómo soy, cómo eres y cómo nos entendemos... bendita locura!
Al diablo con hacer todo bien al diablo con llegar temprano a casa al diablo con peinarme con gomina al diablo con el traje y la oficina al diablo con cuidar mi voz del frÍo al diablo vivir tan reprimido al diablo con todo.
Al diablo con los drops y las escalas las armonías hiper complicadas al diablo con pensar en el futuro al diablo con vivir tan inseguro al diablo con prohibirme de las cosas que me causan placer y pasan cosas al diablo con todo.
Con un zapato negro y un zapato rojo me quedo dormido donde se cierran mis ojos un wIski barato en una mano y en la otra un habano, me importa tan poco me sigan llamando loco.
Al diablo con las camisas planchadas con evitar reÍrme a carcajadas al diablo con salir sólo con una con evitar las chicas de las plumas al diablo con seguir haciendo bien y esperar todo un día en el andén al diablo con todo.
Al diablo con mirar hacia atrás al diablo con pensar que no hay más al diablo con evitar bailar si el mundo dice que bailas muy mal al diablo con dejar de enborracharme al diablo con dejar de fumar al diablo con todo.
Con un zapato negro y un zapato rojo me quedo dormido donde se cierran mis ojos un wIski barato en una mano y en la otra un habano, me importa tan poco me sigan llamando loco.
Sucede que me canso de ser hombre sucede que me canso de mi piel y de mi cara y sucede que se me ha alegrado el día ¡coño! al ver al sol secándose en tu ventana tus bragas Empiezo a solas, sigo por ti y no comprendo nada, desato tormentas sin rechistar, sácame un poco del corral, necesito salir. Yo me quedé con su olor, ella me arrancó la piel me dijo justo al final: no quiero volverte a ver. ¡Eh lejos de mí! deja que corra el aire, no te quemes, va a salir el sol. ¡Sol déjame en paz! La luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad. ¿Quién quiere saber? si estoy quemado o escondo un corazón helado y quema mi ser. ¿Ser? no he vuelto a ser el mismo desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón y me siento mejor si sé que tengo una estrellita pequeñita pero firme.
"Eres mi fruta mortal, mi anticristo y mi diosa. Mi ascensión mi caída, mi sombrero de espinas de rosas. Mi consuelo de tontos, mi canción para sordos, mi noche sin pan, mi tesoro en el fondo del bar, mi armadura hecha escombros".
Sin saber cómo ni porqué, la vida se convierte en una bola de papel arrugado en manos otra vez desconocidas, y cae, sin querer queriendo, en un pozo callado en forma de papelera.
Tú eres un milagro y yo soy tan creyente, que me arrodillo ante tu imagen como un penitente, hay un cañón bajo tu voz y un cuchillo entre los dientes. No me lo expliques, no me convence, se acaba el cuento y tú ya no eres la bella durmiente, sabe a traición tu beso de alcohol, tus verdades siempre mienten. Y me he cansado del veneno de tu voz, se te atraganta el corazón... Cierra la puerta que entra corriente, últimamente se me cuelan las serpientes, cierra los ojos si te arrepientes, ya sabes, presente que no vé futuro que no siente, me voy de aquí, Oh my darling Clementine, olvídate de mi... Mientes, mientes, me he cansado del veneno de tu voz. Mientes, mientes, se te atraganta el corazón. Mientes, mientes, mientes, mientes, tan cobarde, tan valiente. Soy un interrogante y tú nunca preguntas, eres la exclamación que a estas alturas no me asusta, yo soy el folio en blanco de todos tus dictados y me he cansado del papel de alumno fracasado, y me voy de aquí, se secó la cicatriz, olvídate de mi...
En noviembre escribí en este mismo blog lo siguiente: Algún día conoceré a este chico y le diré, tal y como Lucía le dijo a Lorenzo, que sus canciones se me han agarrado por dentro y no me sueltan. Por más que lo intento, no me sueltan. Resulta que “este chico” es Andrés Suárez, el domingo por la tarde hizo un concierto en St. Adrià y por la noche estuvo durmiendo en mi casa. Como era carnaval, este fin de semana la vida se ha disfrazado de milagro, o de amo del calabozo. De una manera u otra, se implantó su voluntad, convirtiendo en fiesta un espacio oscuro y solitario, más por desgana que por su propia naturaleza. Cantaurock surgió de la necesidad de mirar hacia adelante, en linea recta, siguiendo un camino del color del viento, deformado solo por las consecuencias de excesos improvisados. Rocanrol y canción de autor han convivido en forma de festival solidario, tiñendo de algún color vivo esa dinámica de trabajo en cadena, tan desnuda de miradas, guiños y olor a futuro. Cada movimiento, como si de una partida de ajedrez se tratase, ha sido estudiado, estimado y valorado; no hay mejor manera de funcionar que trabajar desde dentro, anteponiendo las ganas e ilusión a los rumores infundados y las malas lenguas (que no han sido pocas). Sabíamos que el resultado llevaría un signo “más” en algún lado, pero jamás pensamos que llegaríamos a conseguir un puzzle tan simétricamente perfecto. Por eso, sería demasiado atrevido continuar la rutina sin mostrar mi agradecimiento, eterno y sincero. En una época de miedos y despedidas, cantaurock ha abierto cientos de puertas... poco será como antes, ni parecido.
-Gracias a la asociación Yalah, solidarios con el pueblo saharauí, por su implicación y ayuda. Ojalá algún día podamos dejar de ser “los nadie” (que diría Galeano). -Gracias a todas esas personas que se dejan la piel a diario por creer y respetar sus ideas, ellos son la verdadera esencia del comunismo (Chamizo, Irene, Mari, Salva, etc, etc... no conozco todos sus nombres, pero confío en que pronto sabré mucho sobre ellos). -A Nota Blue, por su amabilidad y deseo de echarnos un cable en forma de guitarra. -A Área Besós, por el trabajo bien hecho. -A Radio La Mina por hacernos sentir, nuevamente, como en casa. -Al Ayuntamiento, por cedernos el espacio, un lugar cargado de posibilidades; difícilmente podré pasar por el Casal de Cultura sin esbozar una sonrisa. -A todas aquellas personas que creen en la música, por encima del dinero y de ridículos afanes de falsa superación. Aquellos para quienes una canción es el mejor regalo. Aquellos que cantan por y para el público, jamás por y para ellos mismos. Gracias a Ansiado, Nos Trasladamus, Puerta 104, Marwan, Rafa Pons, Luis Ramiro y Andrés Suárez. Yo no sé qué sería de mi vida sin personas como vosotros. -Gracias a las personas que nos han acompañado en esta aventura y han decidido dejarse caer por el Casal este fin de semana. Gente que ha dejado sus trabajos durante un rato para venir a darnos un poco de su apoyo, jóvenes que se han desplazado desde Gerona, padres que han acompañdo a sus hijos desde Mataró, Masnou, Sabadell... -Gracias a Marcel, por ser tan buena persona, tan buen amigo, tan buen currante. No hace mucho te dediqué un post en mi blog, me quedé corta. Te quiero. -Gracias a Grego, porque contigo todo tiene forma de sonrisa, porque no hay mejor recompensa que verte contento y feliz. A tí también te quiero. -Gracias a Jose, porque, para mi, este proyecto lleva tu nombre, cualquier proyecto lleva tu nombre. Te amo.
Pd. Espero no dejarme a nadie, si es así, mil disculpas.
Me cuesta mucho escoger una canción que represente esta entrada... Que me perdonen las otras, pero es que ... es sencillamente PERFECTA.
Ahora que la adolescencia es un septiembre lejano, humo de cerveza en un portal, un verano inacabado.
Algunos años en la facultad de ciencias. Papeles escritos. Ron de Cuba. Hojas de yerba. Un tren dormido en una vía muerta, la luz de la ventana azul que siempre estaba abierta.
Ahora que quedan tan lejos las playas de Corfú, las estaciones de trenes de Praga, Hamburgo o Estambul. Los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos.
La luz de una cafetería, los amores conversos. Ahora que te cansas y las piscinas cierran, y apura el último baño la luz de las estrellas.
Ahora que regreso a los lugares a donde quise huir y nadie me espera allí. Ahora que casi llego a fin de mes, que amo a una mujer.
Ahora que pago las facturas, que me besé en La Habana, que sueño con Lacandona, que ya no escribo cartas; que cumplimos más años que promesas que se hunden nuestros corazones como la vieja Venecia.
Que llego tarde a los cines y al fin del planeta. Que alquilo un pequeño piso en un castillo de arena. Ahora que duelen las resacas que cortan como una navaja.
Ahora que nadie nos saluda por los bares de Malasaña, que pido auxilio, besos y comida por teléfono, que fumo flores y lloro a veces mientras duermo. Ahora que tiemblo como un niño abandonado, ahora que viejos amigos nos han traicionado.
Ahora es el momento de volver a empezar que empiece el carnaval, la orgía en el Palacio de Invierno, de banderas y besos.
Se cayeron mis alas y yo no me rendí, así que ven aquí. Brindemos que Hoy es siempre Todavía, que nunca me gustaron las despedidas.
Ismael Serrano
PD. Ahora que el más duro de mis trabajos es aprender a vivir tan lejos de ti. Ahora que siento que me arrancan un brazo, o un trozo de vida misma. Ahora que no comprendo porqué tanta distancia, ¿es realmente necesaria? Ahora que siento que me abandonas un poco. Ahora que el miedo no me deja alegrarme de tu jodida decisión.
Hablaban de lo mal que está el mundo, así, de una forma tan general que resulta deprimente. Lo verde es gris, decían. Y aquellos que hablan son quienes más han de callar. Las palabras venían e iban queriendo perderse en un poco de optimismo, pero la tertulia proseguía entre los límites de la desidia y la forzosa aceptación. Y yo, que había tenido un mal día, me puse a deshojar una margarita que padecía de desamor. Me gustó mi veredicto.
Hace ya siete meses, tres días y dos horas naufragué en esta isla que no está en ningún mapa. La primera semana lloré como un muchacho asustado y el miedo vino a vivir conmigo.
Luego maldije a Dios los quince días siguientes, y me pasé tres días sin agua ni comida. Los siguientes dos meses he añorado tu cuerpo y soñado con el tibio roce de las sábanas.
Cada noche encendía hogueras en los montes pendiente de que un barco pasara por delante de esta isla maldita . Y en la playa he dejado mensajes de socorro pidiendo que vinieras.
Arrojé cien botellas con mensajes urgentes. Y durante tres meses aprendí que la vida es un cangrejo, un fruto, el agua del torrente, el sol que cada tarde pinta de rojo el agua.
Ya no siento temores. Recuerdo vagamente que más allá del mar hay fusiles y espadas y hombres que maldicen haber nacido un día. Y que aquel mundo era una isla de monstruos.
Ayer me desperté cantando sin que nadie me dijera: “Estás loco ¿A qué tanta alegría?” Y cada tarde escribo en la arena unos versos que borran las mareas y que de nuevo escribo.
Hoy he visto pasar un barco no muy lejos. He apagado raudo la luz de las hogueras y he borrado todos los mensajes de auxilio. Afortunadamente el buque ha pasado de largo...
PD. La semana que se avecina pinta dura, ahora mismo saldría corriendo a una isla (Peumayen, por ejemplo) y, una vez allí, buscaría la manera de traerte conmigo para no regresar jamás. Pura vida!
La manera de controlar los vaivenes emocionales pasó de largo por mi puerta. Me quiso dejar a oscuras, ciega de raciocinio... Desde entonces me gusta engancharme a cualquier luna, y tranformarme como ella: crecer, decrecer y menguar para llegar a un estado de plenitud esporádico y perecedero. Porque, por más que lo intento, no consigo ceñirme a esa fina linea de cordura que sería la vida normal. Así que me decanto por cantar, y bailar, y volar, hasta que salga el sol. Convencida de que lo mejor está por llegar, os espero. Y deseo que, algún día, podáis entender mis mensajes, sin horror, sin miedos... porque, entre tanto pasar y pasar de días normales, a veces una oportunidad con olor a romero se sienta a nuestro lado. Sólo hay que girar la cabeza y mostrarle la mejor de nuestras sonrisas. Feliz semana.
Hoy de nuevo he sentido la necesidad de huir, de salir corriendo y no parar hasta llegar al mar (el de allá, el del otro lado). Siempre queremos escapar después de una dura jornada laboral, o de una discusión gris, de esas que huelen a fábrica de cemento. O del miedo, a perder o a ganar, o a sentir demasiado tarde, o a dejar de sentir. Queremos escapar del ruido, del silencio, del orden y del desorden, del dolor y del placer inoportuno... Con más o menos dificultad y alguna que otra pataleta, asumimos que huir forma parte del todo que somos, o esperamos ser. Ahora bien, siendo muy optimista, diría que, en la vida, hay una huída, la más hija de puta de todas, que nos abre el corazón en canal para que vivamos con una tarea perpetua que pesa más que la losa de Baudelaire: recomponerlo, recomponernos para llegar a ser algo parecido a lo que fuimos antes del hachazo letal. Para ello, yo me refugié en La Habana, por sus calles me iba despojando de la pena entre canciones improvisadas y botellas de ron. El sol casi hiriente de los días de aquel agosto, se encargó de quemar dónde más dolía. Yo sé que mi lugar está allí, en un pedazo de piedra del distinguido muro del Malecón, desde donde el mar parece abrazarte, y susurrarte que el mundo contigo es más bonito. Desde donde todos te arropan, sin ni siquiera conocerte, porque no tienen ni puta idea de lo que es la indiferencia.
PD. Esta noche celebramos el cumpleaños de Francesc, y lo haremos con botellas de Ron. A Francesc (y a Olga) les conocí en La Habana y ellos no lo saben pero, cada vez que brindo con ellos, les agradezco que aquella noche de tango y droga decidieran salvarme.
Parece bastante obvio que no existen pactos gratuitos, ni desinteresados. En ocasiones, este sentimiento crece, y sigue creciendo hasta desproveer de mi mente cualquier connotación de buen gusto. Así que esta tarde, de domingo cómo no, pienso en cuánta razón tenía el bueno de Hobbes...
Y entonces llegó el frío, y derritió un montón de corazones congelados por el desuso, y aprovisionó de ilusión lo que antes era insomnio, y se colocó sobre sus cuerpos para que un abrazo fuera insuficiente. Hoy lunes, demos la bienvenida al frío :-)
Tener un mal día. O dolor de cabeza, demasiado trabajo. No estar de humor (qué ridícula resulta esta expresión si te paras a analizarla). Sentirse cansad@... frases que, frecuentemente, utilizamos para justificar nuestra mala leche o, en mejor medida, ciertas poses pseudoformalísimas, políticamente correctas... Algunas veces, directamente, no tenemos ningunas ganas de justificar nada ante nadie y pasamos a enmudecer (o refunfuhablar), provocando en nuestros allegados una sensación de desconcierto, miedo, culpa... Pasen y entren, sean bienvenidos al maravilloso mundo de los humanos, buscadores de razones y causas externas, escapistas de nosotros mismos y alrededores, protas de un sinfín de tesis, retesis, másters, ciclos, reciclos, triciclos... Por eso, en primera y última instancia, lo mejor es protegerse y, aún así, andarse con ojo, porque el daño, aunque involuntario –o eso quiero pensar-, es gratuito, y a día de hoy, todavía existen algunos que, puestos a racionalizar recursos, sacrifican la esencia, la vida... para permanecer inertes, cansados, moribundos... PD. Hoy estoy contenta y, lo mejor de todo, nadie puede cambiar este hecho.
- Notar el roce de tu mano cuando me pasas la cerveza. - Un mensaje de buenos días a primera hora de la mañana. - Un concierto de algún cantautor desconocido. - Tener la certeza de que las tres horas que pasé cocinando sirvieron para algo. - Las performance nocturnas. - Lo siguiente a las performance nocturnas. - Los atentados contra la monotonía. - Los discursos de algún humorista-político. - Hacer planes para una inminente borrachera. - La retahíla de tonterías que diariamente aprende mi gato. - Verte feliz, verla feliz, verle feliz. - Despertar de un sueño contigo. - Las guerras de almohadas. - Ganar al trivial. - Llevar la razón. Perder la razón. - Revisar la caja de entradas de conciertos y sentir que sé aprovechar el tiempo. - Anular una reunión para pasear por las callejuelas del centro. - Apoyarme en tus piernas y quedarme dormida. - Ir de compras con Jor. - Girar mi cabeza hacia la derecha durante las 7 horas de jornada laboral. - Quedar con mi gente y desarreglar el mundo con 10 o 12 birras. - Recordar tiempos mejores. Mejorar los malos tiempos. - Perdonar. Ser perdonada. Querer. Ser querida. - Saber que, cuando termine de escribir esto, seguirá siendo viernes.
"Hay que estar siempre ebrio. Esto es lo único. Para no sentir el horrible fardo del tiempo que rompe vuestros hombros y os inclina hacia la tierra, hay que emborracharse sin tregua. ¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como gustéis. Pero embriagaos. Y si alguna vez, en la escalera de un palacio, o en el borde de un foso, o en la soledad melancólica de vuestro cuarto despertáis ya disminuida o desaparecida la embriaguez, pedidle al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es. Y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os contestarán: "Es hora de embriagarse. Para no ser los esclavos martirizados por el tiempo, embriagaos constantemente. De vino, de poesía o de virtud, como gustéis."
Baudelaire
Bueno, los siguientes dos días voy a seguir el consejo del poeta. Los siguientes dos años voy a seguir sus consejos, o el resto de mi vida...
Calentando los pocos motores que nos quedan para esta tarde...
Palabra por Palabra Lo sé, lo sé, dicen que estoy como una regadera El caso es que la noche me confunde y quiero repoblar con flores todas las aceras Lo sé, lo sé, quizá no hemos ganado la partida Pero como a nadie le amarga un dulce le puse azúcar a los golpes que me dio la vida
Sugiero hacer lo mismo que Amelie le hizo al tendero Que Peter Pan visite una favela Que un niño lea cuentos pa dormir a sus abuelos Sugiero que los viejos vean el video de Pamela Que los gatos abracen a los perros ¿Por qué no ir a buscar en la piscina a una sirena?
Palabra por palabra doy la vuelta al mundo en que vivo Si te miento es porque te quiero decir la verdad En la vida real, tu lo sabes, siempre gana el coyote al correcaminos Con el mundo al revés quizá hoy haya paz en Bagdad
Yo quiero que un lunes de estos caiga en domingo Que un ronaldinho sea presidente Que los chulos de barrio lloren con el principito Yo quiero que al que le sobre el tiempo me lo preste Que me hacen falta 2 pa hacer un trío Tu tirale los tejos a la novia de tu jefe, de tu jefe
Palabra por palabra doy la vuelta al mundo en que vivo Si te miento es porque te quiero decir la verdad En la vida real, tu lo sabes, siempre gana el coyote al correcaminos Con el mundo al revés quizá hoy haya paz en Bagdad
Palabra por palabra doy la vuelta al mundo en que vivo Si te miento es porque te quiero decir la verdad En la vida real, tu lo sabes, siempre gana el coyote al correcaminos Con el mundo al revés quizá hoy haya paz en Bagdad
Con el mundo al reves quizas hoy haya paz en Bagdad
Marwan
PD. Sí, con esto dejo el rollo cantautor por un tiempo (pesaos!)
Algún día conoceré a este chico y le diré, tal y como Lucía le dijo a Lorenzo, que sus canciones se me han agarrado por dentro y no me sueltan. Por más que lo intento, no me sueltan.
Me ha llamado caballero la puerta de un lavabo. Me he mirado en el espejo y no era cierto, y he llorado. Hoy no tengo la cabeza como para hacerte un tema y ando. Ando equivocado y sin camisa, soy un carnaval de Cádiz y ando. Y guardo en la memoria el equilibrio de un Domingo atravesado, y guardo aquel retrato de tu pecho que escondí en el calendario.
Te he dejado en la despensa lunas, si acaso es que oscurece. Creo que se hace tarde y ya empezó la orquesta. Busca entre la gente caras demasiado cuerdas para un escenario cada Viernes, esperé hasta el Sábado y la feria fue cambiándome la suerte.
Pongamos que te pongo y tú me pones el derroche entre las manos. Pongamos que él te llama y no le coges, y se nos juntan los labios.
Y no te quiero tanto... y no te quiero tanto como para no ver que hay gente aquí a mi lado. Y no te quiero tanto... y no te quiero tanto los días de Domingo que pesan como años. No te quiero tanto...
Qué hacemos de los dos ahora que ya me quiero un poco, que me moja el mar del sur los pies. Me moja y no estoy solo. Medio loco como tú, como aquel verano azul que se nos fue de las manos. Despierta ya, mi bien, despierta que ya amaneció, que otra vez nos llama hacienda, que hay atasco en la M - 30, y aún nos quedan fuerzas para medio asalto en la calle Libertad.
Pongamos entre los dos dos Gyn Tonics en lugar de tu abogado. Pongamos que él te llama y no le coges, y se nos juntan los labios. Y no te quiero tanto... y no te quiero tanto, pensándote después de un polvo en cualquier baño. Y no te quiero tanto... y no te quiero tanto, buscando no encontrarte perdido en otros brazos. No te quiero tanto... Y no te quiero tanto... y no te quiero tanto, si acaso es que te ciega la luz de un escenario.
Y no te quiero tanto... y no te quiero tanto, que tengo más amigos que tú soldados raso,
Después de varias escuchas del nuevo disco de EUKZ he de destacar la siguiente canción (que no encuentro en youtube para colgar por aquí...).
Véndeme algo que no pueda pagar. Convénceme de que soy como el que vive en la colina. Con tanto coche y tantas queridas andaba yo hacia arriba, salía de la ruina. Ay yo no me esperaba... que no sabía, que no me caería. Ay yo no lo esperaba, no, ahora maldigo el día que vendí mi vida. Véndeme algo que no pueda pagar. Convénceme de que soy como el que vive en la colina. Con tanto coche y tantas queridas "refuckeando" gracias al libre mercado. Esclavizado y sin un guil para pagar manutención en esta especie de prisión que llaman recisión. Anda, primo, mira también hay terrorismo y bandolería en la economía. Ay, yo no lo esperaba, no. Ahora maldigo el día en que vendí mi vida.
Haciendo limpieza en mi escritorio, encontré esta historia, una especie de cuento que escribí con "diecialgún" años y que presenté en un concurso literario. No gané, claro. Pero a mi me encanta. Lo pensaba destruir, pero creo que por aquí estará más cómodo.
“Te recuerdo Amanda, la calle mojada...”. A estos versos del maestro Jara recurrió Lola para dar nombre a la más bella de sus creaciones: Amanda. La pequeña se presentó un día de lluvia. Las calles esbozaban un ambiente de sobriedad inoportuno y en los tejados no se oían los cantos habituales de los muchachos.
Amanda vino al mundo sonriendo, o eso decía, orgullosa, su tía Leire. Y sonriendo conquistó el corazón de aquellos que la miraron.
Cuando la madre de la bien nacida se hubiera recuperado del parto, la destartalada alcoba de los Guevara se disfrazó, por un día, de fiesta y, entre ron y humo del más sabroso puro, celebraron la llegada de Amanda a son de salsa, merengue y un siempre lejano susurro de la voz cansada del viejo comandante. Hasta las tantas de la madrugada duró la alegría, que hubiera continuado en el ancho paseo central si la lluvia hubiese remitido o, al menos, rebajado su intensidad.
Leire, que tenía más que asimilados los falsos poderes mágicos que las viejas del barrio le habían adjudicado, pronto culpó a la lluvia de la inminente desdicha de la pequeña Amanda.
“Cuídate de las tormentas, mi linda. Y aléjate de todos aquellos cuyos ojos alberguen tempestades”, le decía en numerosas ocasiones.
Y no andaba mal encaminada la vieja porque dos semanas después, aquejada de un fuerte dolor en el pecho, murió Lola, en el mismo momento en que en la isla paraba de llover.
“Ilusionista”, así se autodefinía Lola; desde muy joven sintió un vínculo extremadamente fuerte con los niños a quienes decidió, encantada, dedicarles su tiempo, su talento, su vida.
Lola deslizaba la cansada pluma sobre el papel con la agilidad de una bailarina de danza clásica y el resultado eran los más bellos cuentos jamás narrados. Cuentos que sólo podían entender los niños y, en caso de existir, los “ilusionistas”. Por la noche, nunca nadie la vió.
El llanto de Amanda rompió el silencio forzado que reinaba en la casa, la misma que hace unas semanas se disfrazaba de alegría.
“Mírala, pobrecita. Es como si supiera que ha perdido a su madre”, comentaba Leire.
Y claro que lo sabía, como también sabía que ya jamás habrían más “ilusionistas”.
La vida de Amanda transcurrió como la de cualquier otro niño de su entorno. Por las mañanas acudía a la escuela de la calle central y por las tardes ayudaba a su tía Leire con las tareas domésticas.
No tardó mucho tiempo la pequeña Amanda en crecer, quizá menos del justo para una niña. Al principio recurrió a su desmedida belleza para disponer de sus primeros ingresos, al final pagaba con sus desmedidos ingresos los retoques que necesitaba para ser la más bella de las jineteras.
“Si su madre levantara la cabeza...”, decían las atrevidas lenguas, que también imaginaban a la joven durante el día. Sí, imaginaban, porque nunca nadie la vió a la luz de la mañana, ni de la tarde; sólo la amaban en la oscura noche.
Gracias al sueldo de Amanda, su tía pudo envejecer en paz. Fiel a su desfasada ideología, la vieja predicaba, con la vaga tranquilidad del que dice la verdad, los versículos del manifiesto y fingía no darse cuenta de que su pregón había dejado de interesar a quienes, más por respeto que por convicción, la escuchaban atentos.
También gracias al sueldo de Amanda podían comer pasteles y golosinas los muchachos de su rellano, doce o trece creo que eran. Extraña era la noche en que Amanda no les comprara, antes de acudir a sus encuentros clandestinos, una bolsita de maní.
También Amanda usaba su sueldo para adquirir el cebo de los viejos camaradas que pescaban a orillas del cristalino Caribe. Ellos eran felices enhebrando los anzuelos con sus torpes manos, deshojadas a causa del duro trabajo de vivir sin libertad. Unas manos que Amanda admiraba como si de diamantes, siempre puros, se trataran. También amaba a los viejos pescadores, en sus ojos no había tempestades.
El sueldo de Amanda también servía para pagar los libros de sus compañeras de viaje. Si bien la carrera no les suponía coste alguno, así de espléndido es nuestro régimen, los libros merecían ser pagados, y bien pagados.
También con el bienvenido y maljuzgado sueldo se permitía el lujo, en un lugar del mundo donde no existen los lujos, de comprar textos, historias de aventuras, leyendas con los más extravagantes personajes... material que la inspiraba a la hora de escribir los más bellos cuentos jamás narrados. Cuentos que sólo podían entender los niños y, en caso de existir, los “ilusionistas”. Cuentos que todas las mañanas, Amanda colocaba cuidadosamente sobre un banco de piedra situado en el viejo cementerio de las afueras, ese que pocas veces recibe visitas. Y allí, Amanda respiraba hasta llenar los pulmones de calma. Y allí, Amanda contemplaba el cielo, ese que sólo allí se puede contemplar, un cielo libre de discursos, libre de dólares, libre de tristeza. Y allí, Amanda leía los cuentos que, en su día, escribió su madre. Y lloraba, y llovía... Y ambas entendían todos los cuentos porque las dos eran “ilusionistas”, porque las dos eran unas niñas.
Todo vuestro. Para que lo dediquen a sus labores. No quiero vuestras sobras (de tiempo, claro), resulta menos costoso vivir detrás, en la sombra, sin esperar nada. Porque, finalmente, el tiempo sólo avanza, jamás se detiene, ni retrocede... así que no hay ley más aplastante: dedíquenlo a lo que más feliz les haga; los demás ya saldremos de ésta.
Ayer mismo descubrí a este muchacho, cuyas canciones me parecen extraordinarias (me ahorraré explicar el resto de su atractivo)... A lo que vamos, acostumbra a frecuentar "La tertulia", un garito granadino por el que se dejan caer cantautores tipo Quique soybohemio González, Rebequita, Paco Cifuentes... Ahora mismo me encuentro delante del PC buscando vuelos baratos para escaparme un fin de semana. Me voy a La Tertulia, me parece una buena razón para regresar al sur.
Llueve. No hay mal que por bien no venga. La radio me sabe a hierba, se aprieta los dientes.
Quieres la libertad de mi celda. Súbete la falda y, mientras, haces que me quieres.
Subido al cuarto del paraíso que me pinta abecedarios. Al borde, cualquier asfalto se aleja y desaparece...
Mira, han vuelto a robarme y pienso marcharme tan lejos... Vienes por tangos a Buenos Aires. Anda, que si hoy no te pones bragas salimos a la terraza y me hago unos cantes.
Prefiero, por hoy, un problema nuevo a recordar tu equipaje saltando de mi terraza, cerrándome todos los bares.
Y ya ves que, el amor, si no muere te lo matan.
Guarda para ti la carta de marfil debajo de la manga de aquellos años. Quédate a dormir, no hay calefacción. Tan sólo una más, el último trago. El último trago...
Hay un arco iris blanco y negro ahora en cada habitación cuando lloras a escondidas.
No se parte el corazón. Busco visa para un beso, buscas algo de calor, y esta noche hay luna llena; lleno dos vasos de ron por si acaso hay una tregua de caricias y en la zona vieja se oye tu canción.
Cómo puedo estar tan lejos de la orilla, si hace tiempo nos cubría la razón. Ay amor, si la ves, no le digas donde estoy.
Guarda para ti la carta de marfil debajo de la manga de aquellos años. Quédate a dormir, no hay calefacción. Tan sólo una más, el último trago. El último trago...
Estos últimos días he vivido rodeada de pequeños y grandes tesoros, momentos únicos, probablemente irrepetibles... regresaron las mariposas, y regresaron tus manos. Esta tarde, enumerábamos esas pequeñas vivencias que nos hacen un poco más felices, recordábamos canciones que lo fueron todo, escenas de películas... Hay cientos de secuencias que consiguen hacerme despertar de la inopia que produce la cotidianidad... pero, sin duda, esta es la más bella. Hoy la vuelvo a ver, y, quizás porque estoy más perdida que nunca, la siento muy cerca.
PD. Pienso que algo parecido a esto debe ser la felicidad... (Esta es una entrada algo extraña, pero yo me entiendo).
Imaginar los sitios posibles donde estabas, verte llegar sin noche a La Tertulia, reconocer tu voz apresurada al contar una anécdota o preguntar por mí, saber que nos mirábamos antes de conocernos, son capítulos largos de mi vida.
Supongo que también te dejarán a ti este mismo vacío, esta impaciencia por estar sin nadie mientras se nos olvida todo el calor que duele de olvidado.
El naufragio es un don afín al hombre. Después de que sucede suelen tener las huellas esa incomodidad que tienen las mentiras, el recuerdo es un dogma, la soledad el pecho que tú me acariciaste.
Pero cambiando de conversación el tiempo -buen amigo que deforma el pasado como el amor a un cuerpo- hará que cada día no parezca un disparo, que volvamos a vernos una tarde cualquiera, en un rincón del año y sin sentir demasiada impotencia.
Será seguramente como volver a estar, como vivir de nuevo en una edad difícil o emborracharnos juntos para pasar a solas la resaca.
Igual que quemaduras debajo de los dedos, en un segundo plano seguiremos presentes y esperando ese momento exacto del náufrago en la orilla, cuando al salir del mar me escribas en la arena: «Sé que el amor existe, pero no sé dónde lo aprendí».
Luis García Montero.
PD. Parece que por fin todo empieza a cobrar sentido, parece que he regresado.
Bueno, haremos caso a Sandra punkideloscojones Martínez y cambiaremos de tercio (en lo que a forma se refiere, porque el fondo sigue siendo "cantautoroide"). Una de Los de Marras (con su permiso, Sr. Ismael), que se dejaran caer por la KGB el 14 de noviembre y, si nada nos lo impide, allí estaremos (y uso el verbo "estar" porque creo que es el más razonable... quién sabe, igual hasta "vemos"). Esto es todo amigos.
Hace algunas semanas dediqué una entrada a esta canción. Hoy lo vuelvo a hacer. Y posiblemente lo haga en muchas otras ocasiones, porque me parece realmente cojonuda, sin más. Del 5 al 8 de noviembre se celebra el festival Acróbatas (que combina un poco de música y poesía). El viernes 6 seguramente suene esta canción, y yo espero estar allí para escucharla (aprovecho para hacer un llamamiento a algún alma caritativa que quiera acompañarme...)
Nunca he comprendido el motivo por el que, de pequeños/jóvenes/adolescentes/etc, nuestros "profes" nos hacían memorizar poesía; en mi caso concreto, sospecho que mi maestra de lengua/literatura odiaba tanto su profesión que, en algún momento de su vida, decidió convertir la enseñanza en un castigo para las 20 criaturas con las que tenía que compartir la mayor parte de su tiempo. Suerte que algunos años más tarde encontré el atractivo de dicha materia entre guitarras y litros de kalimocho. El caso es que durante aquellos años de tortura estudiantil, llegué a aprenderme dos poemas. Obviemos el primero y pasemos directamente a la parte interesante: Spleen... No sé cómo pero esta tarde sentí la necesidad de recurrir a la poesía "maldita". Baudelaire, cómo no. Y allí estaba Spleen, recordándome que, a los 18 años, y por mucho que nos empeñáramos, no había cielos grávidos ni espíritus gimientes...
Cuando el cielo bajo y grávido pesa como una losa Sobre el gimiente espíritu presa de largos tedios, Y el horizonte abarcando todo el círculo Nos depara un día negro más triste que las noches;
Cuando la tierra se ha convertido en un húmedo calabozo, Donde la Esperanza, como un murciélago, Se va dando golpes contra las paredes con sus tímidas alas Y chocando la cabeza con los techos podridos;
Cuando la lluvia esparciendo sus inmensos regueros Imita los barrotes de una vasta prisión Y un pueblo mudo de infames arañas Viene a tender sus trampas en el fondo de nuestros cerebros,
Unas campanas empiezan de pronto a tocar furiosamente Y lanzan al cielo un aullido espantoso, Como los espíritus errantes y sin patria Que se ponen a gemir con porfía.
Claro. Quiero carretear por las calles de Chile, por cualquier calle, maldiciendo dictadores, o brindando por nuestros héroes. Salir de estas cuatro paredes, respirar de nuevo, sentir que no es demasiado tarde, ni demasiado pronto, ni demasiado nada... sentir que este "ahora" es sólo nuestro y que, entre los dos, no hay cientos de kilómetros de distancia... sentir, en definitiva. Quiero morirme si llegas un segundo tarde, y estallar de felicidad si este mismo segundo decide adelantarse. Quiero que sonrías, ir al entierro de todas esas canciones tristes que suenan en tu guitarra, o mirarte mientras duermes... Quiero ser capaz de admirar la belleza de esta canción, sin tener que recoger mi corazón en pedazos cada vez que la escucho. Y si no puedo tener nada de esto... quiero volver a La Habana, plantarme delante del Malecón infinito, sortear mis pasos entre trago y trago de ron... y, como aquella tarde de hace tantos años, sentir que los mejores días aún están por llegar. Feliz semana
"Salimos del bar borrachos, agarrados de la mano..."
A día de hoy, todavía no he aprendido a agradecerle tantas cosas... Supongo que es una cuestión de caracteres, o incompatibilidad, el caso es que nuestra relación siempre ha sido un tanto amarga. No acabo de encontrar el modo de agradecerle, por ejemplo, toda una vida dedicada a mi felicidad, quizás porque me jode profundamente que tanto esfuerzo en este sentido no haya dado demasiados frutos... Admirable, sin duda, su fortaleza, su rapidez y eficacia a la hora de construir bloques de acero impenetrables, escudos protectores de un corazón marcado por el hambre, el frío, la pérdida... la vida misma. Envidio sus ganas de luchar, quisiera tener las ideas tan claras como él (pese a que no comparto la mayoría de ellas). Su manera de amar es casi letal, en eso supongo que nos parecemos, nunca hemos sabido querer, o al menos de una manera justa. Atribuirle también mis múltiples miedos e inseguridades me parece una insensatez, así que desviemos la mirada hacia todo aquello que nunca podré pagarle: la pasión por la música; la aventura de creer que podemos mejorar; la necesidad de una mirada, de una aclaración, de una sonrisa; la falta de vergüenza, a veces extrema pero dotada de un toque cómico que espero conservar de por vida... Fin de esta entrada... no tengo más ganas de llorar esta semana. En cualquier caso y, aunque nunca leerás esto, te quiero y no hay en el mundo litros de absenta que puedan menguar el dolor que siento cuando pienso en que puedo perderte.
PD. Dediquemos esta entrada a todos los padres, que, de forma más o menos acertada, se adentran en la montaña y esperan llegar a comprender los sonidos del silencio.
Siempre encuentro una canción de Marea dónde refugiarme, dónde enterrar el miedo... Definitivamente, la música es el único idioma que quiero entender, las personas me parecen de lo más complicado, me deprimen. Me cortan los silencios, inminentes, se enmarañan alrededor del cuello, y me ahogan. El tiempo pasa entre sutiles castigos, o silencios... Casi siempre huimos, de nosotros mismos quizás; dejemos que alguna canción termine con vuestros infinitos silencios.
La vamos a tener si no puedo dar trotes, si quieres meter alpiste en mis barrotes, y no hay dios ni fe que me discuta, que me vuelvo muy hijoputa si me da... prefiero tener vacío el comedero, ya le tiraré bocaos al mundo entero, luego miraré donde lo escupo, se revuelve y yo me ocupo de mirar... Si no hay pa comer me subiré al manzano, para verlas venir en un carromato de cosas por hacer, de ciegos dando palos, que la vida es muy puta y yo me he vuelto muy malo, y si encarta soledad, pues soledad pal saco, lo mismo me dará dar como ser dado, que no pienso dejar ná de ná pa los gusanos, la luna me maúlla pa que yo menee el rabo, A la altura del perejil se han quedado todos mis sueños, me hago un vestido con tó lo que he perdido y ya tiene sentido sonreir, lleva volantes pa mentir, para ondularme como el trigo, y así decir, que desde que te has ido la bailo igual contigo que sin ti, Si intentas comprender mis noches de desvelo me quieres comprar con puñaos de caramelos, manojos de perder, con jugo de los charcos, machaca el almirez, me tienes en tus manos, y ojalá te vaya bien, y pa pasar el rato tú siembra para ti, y más cuando me callo, me callo lo que hay, lo que hay es lo que toca y pa tocar el corazón es mejor no abrir la boca, A la altura del perejil se han quedado todos mis sueños, me hago un vestido con tó lo que he perdido y ya tiene sentido sonreir, lleva volantes pa mentir, para ondularme como el trigo, y así decir, que desde que te has ido aún nadie me ha vencido, Hoy quiero poner mi reino de despojos en estos lugares, donde la primera vez pusimos al alba a hacer malabares, y no he de volver a ver el sudor empañando portales, me sale tan mal cuando miro hacia atrás... Me abriré las venas, me saldrán palabras, guárdate el cencerro, pónselo a otra cabra, que a mí no me cabe, que llevo colgando demasiadas llaves, todos los quebrantos, A la altura del perejil se han quedado todos mis sueños, me hago un vestido con tó lo que he perdido y ya tiene sentido sonreir, lleva volantes pa mentir, para ondularme como el trigo, y así decir, que desde que te has ido... No me pienso quedar, ni un momento ni un rato, para planear quién pagará los platos de mi desespere, mi sofoco, sé de quién se ha vuelto loco de esperar, la vamos a tener...
No encontré nada mejor para expresar esto que me sucede con ciertas canciones, con la música en general, con mi vida en particular...
"Las canciones de toda la vida forman parte de nuestra piel, porque hemos aprendido con ellas lo que significa un dolor o una caricia, la verdad de una sombra o de una extrañeza. Reconocemos los amores radicales del que cuenta las arenas del mar. Aprendemos a sentir la humedad de la lluvia, no por el agua que cae, sino por la gente que corre. Nos enfrentamos en el espejo a los fallos de nuestro propio corazón. Hablar del alma propia es hablar de todas las almas. Por eso, cuando se bajan las escaleras y se pide un taxi que nos lleve al aeropuerto, sabemos que en cualquier lugar del mundo habrá una botella de vino y un amigo con el que retorcer canciones en la madrugada. Por eso sabemos también que cualquier lugar del mundo nos devolverá siempre a la casa que acabamos de cerrar".
Luis García Montero(El País 26-09-09)
PD. Acabo de escuchar un tema de lo que será el nuevo cd del maestro Sabina... Me quedo con esta frase: "que sepas que el final no empieza hoy".
Visto lo visto en estas últimas semanas, a una le dan ganas, como poco, de pegarse un tiro. Parece inevitable, estamos condenados a convivir con la estupidez humana, condenados a aceptar que cualquiera parece tener derecho a teñir de gris un día feliz, condenados a interactuar con demasiados "pre-jueces", ministros de asuntos sin importancia, seres macabros, víctimas de una extraña perfección, perfectos gilipollas... En definitiva, condenados a luchar, que decían algunos. A veces no sé si me equivoqué de mundo, de época, de país... es casi seguro que, en algún momento del camino, me desvié... y aquí estoy bien, en mi nube azul.
¿Quién sabe? Quizás ahora estés más cerca de la revolución. Hasta siempre compañera.
Con el permiso del maestro Rodríguez... despidamos a Mercedes como merece:
Si no creyera en la locura de la garganta del sinsonte si no creyera que en el monte se esconde el trino y la pavura
si no creyera en la balanza en la razón del equilibrio si no creyera en el delirio si no creyera en la esperanza
si no creyera en lo que agencio si no creyera en el camino si no creyera en el sonido si no creyera en mi silencio
qué cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores qué lucecitas montadas para escena
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso júbilo hervido con trapo y lentejuela
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
si no creyera en lo más duro si no creyera en el deseo si no creyera en lo que creo si no creyera en algo puro
si no creyera en cada herida si no creyera en la que ronde si no creyera en lo que esconde hacerse hermano de la vida
si no creyera en quien me escucha si no creyera en lo que duele si no creyera en lo que quede si no creyera en lo que lucha
qué cosa fuera que cosa fuera la maza sin cantera un amasijo hecho de cuerdas y tendones un revoltijo de carne con madera un instrumento sin mejores resplandores qué lucecitas montadas para escena
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera
un testaferro del traidor de los aplausos un servidor de pasado en copa nueva un eternizador de dioses del ocaso júbilo hervido con trapo y lentejuela
qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera qué cosa fuera la maza sin cantera.
Silvio Rodríguez (Interpretada por Mercedes Sosa y Shakira)
Porque siempre sabe sonreír. Porque da sin esperar nada a cambio. Porque entiende los silencios. Porque cree en la libertad. Porque siente la música. Porque está, sin más. Porque le queda de puta madre el colgante que le regala algún alma perdida en alcohol. Porque sí. Porque en los días tristes, me recuerda que todo puede cambiar.
Hoy me apetece recordar esta canción, quizás porque ya sé lo que podemos hacer... vamos a reirnos.
Que a las noches le sobran los días que a sus pies yo me desnudaría que a sus besos les falta saliva, tengo en las alforjas…
Hay olores que enganchan, hay sabores que a veces se marchan hay victorias que pasan de largo, no tienen prisa en hacerse querer mire el canto de una piedra firme, soy el muro que habla a la sombra soy el árbol que anuncia a las montañas, bajo un maldito calor.
Me he encontrado a mí mismo, los demás parece que también me ocurre todos los días que miro al mundo del revés, aunque me esfuerzo siempre acabo metido en líos sin querer.
No me arrepiento de nada si acaso de alguna estupidez. Hoy quiero llenar tus bolsillos de flores y después probaremos todos los colores ¿sabes que podemos hacer? vamos a reírnos que a las noches le sobran los días, que a sus pies yo me desnudaría que a sus besos les falta saliva, tengo las alforjas bastantes vacías.
Para algunos mi vida a veces provoca admiración otros simplemente piensan que soy un pobre desgraciao. Sigo al pie de la letra todos los dictados de mi corazón, tengo por bandera amores y alguna que otra desilusión.
Me tumbe panza arriba, buscando un momento de claridad a veces lo más sencillo es el camino mas difícil. Siempre tan cerca del suelo, me bajo a sembrar semillas para cuando crezcan las amapolas no digan que están solas.
Hoy quiero llenar tus bolsillos de flores y después probaremos todos los colores ¿sabes que podemos hacer? vamos a reírnos que a las noches le sobran los días, que a sus pies yo me desnudaría que a sus besos les falta saliva, tengo las alforjas bastantes vacías esta noche a sus pies.
En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático,y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones, dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que sólo espera que regrese la vida.
Hacía demasiado que no escuchaba a Sabina... con él me pasa algo bastante paradójico, y es que la canción que más me gusta es la que me hace sentir más triste... recuerdos quizás, desarraigo, qué sé yo... es la ley.
Un día los enanos se rebelarán contra Gulliver. Todos los hombres de corazón diminuto armados con palos y con hoces asaltarán al único gigante con sus pequeños rencores, con su bilis, con su rabia de enanos afeitados y miopes. Pobre de tí, Gulliver, pobre de tí, el día que todos los enanos unan sus herramientas y su odio, sus costumbres, sus vicios, sus carteras, sus horarios. No podrán, no podrán, no podrán perdonarte que seas alto. Para ellos la generosidad no es más que un lujo que no pueden pagarse, viven alimentados por la envidia que los habita en forma de costumbre. Míralos revolverse recelosos tras sus gafas de concha. Te acusarán, te acusarán, te acusarán: de ser el tuerto en el país de los ciegos, de ser quien habla en el país de los mudos, de ser el loco en el país de los cuerdos, de andar en el país de los cansados, de ser sabio en el país de los necios, de ser malo en el país de los buenos, de divertirte en el país de los serios, de estar libre en el país de los presos, de estar vivo en el país de los muertos, de ser gigante en el país de los enanos, de ser la voz que clama en el desierto, de ser la voz que clama en el desierto.
Tengo que recurrir a mi poca inteligencia, me está quitando las ganas de andar por mi senda de hierba, y la cubre con piedras. No tiene nombre, no existe, pero puedo verla, es de metales preciosos, se expresa en madera, ¿dónde hostias está mi estrella? Alumbra por turnos a quien la desea, cuando me llora la abro de piernas y espera que cuente mil cuentos que a nadie interesan. ¿Dónde hostias está mi estrella? que sacude las cenizas que aún me queman, las ordena y las escupe en puño y letra y espera que cuente mil cuentos que a nadie interesan. Le pregunto a mis sentidos, uno a uno, si recuerdan el color de aquellas flores que envolvían a los poetas, si es que estuviesen marchitas necesito que aparezcan, que la rieguen con su llanto, que se abra de vida y piernas, ¿dónde te escondes bastarda?, ¿dónde hostias está mi estrella? Alumbra por turnos a quien la desea, cuando me llora la abro de piernas y espera que cuente mil cuentos que a nadie interesan. ¿Dónde hostias está mi estrella? que sacude las cenizas que aún me queman, las ordena y las escupe en puño y letra y espera que cuente mil cuentos que a nadie interesan.
"Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás, vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil. Me angustia el cruce de miradas la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido, las señales de stop y los pasos perdidos. Me agobian las medianas, las frases que están hechas, los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo a conquistar la Tierra y los necios de espíritu. Me entristecen quienes me venden clines en los pasos de cebra, los que enferman de cáncer y los que sólo son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura de los cuerpos perfectos, las sirenas que ululan en las noches de fiesta, los códigos de barras, el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sinsentido, parado frente al mar mientras que el mundo gira."
¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros; la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor, el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas; la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega, en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo; los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas, los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas; la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo; la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero; nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos; nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión; los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle; los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla; la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda; una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú; en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria; la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo; la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte"; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar; seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo; la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero. Eduardo Galeano
Cambios. Momentos en los que has de transformarte, redecorarte hasta conseguir hacerte visible, no sólo a los demás, que, al fin y al cabo, son secundarios. Pero en todo este proceso de autoremodelación no debemos descuidarnos, no vaya a ser que nos distanciemos demasiado de ese “yo interior” que, oculto, parece ser una parte esencial de nosotros mismos. En mi caso, lo tengo algo abandonado, más por desconocimiento que por falta de interés. A lo que vamos, durante este verano he tenido la suerte de conocer a Cristina, una mujer dedicada al cultivo y cuidado de “ese yo” interno. Se trata de una tarea costosa, que requiere tiempo, dedicación, voluntad... paradójico esto de tener que esforzarse tanto para quererse un poco. El caso es que, según cuenta, uno de los secretos de la “felicidad” consiste en encontrar este punto de equilibrio con uno mismo, un estado de paz y armonía capaz de ofrecer cierta solidez afectiva y suavizar, en parte, el vaivén emocional que nos acompaña a lo largo de nuestra vida... razón no le faltaba. Pongo en duda que sea factible (por no decir poco práctico) dedicar el cien por cien de nuestro tiempo a gustarnos, pero sí sería interesante no dedicárselo a tratar de gustar a los demás. Yo, para variar un poco, voy a mandar a algún sitio (no muy lejos, eso sí) a ese “yo social” que vive por y para los demás*, y no voy a parar hasta encontrar la esencia. Cuando la encuentre, prometo cuidarla y protegerla, sobre todo protegerla, porque no sabe la pobre a cuantos peligros está expuesta.
*No confundir con “capacidad de adaptación”, tema que merece una entrada bastante más seria.
"...En realidad, durante esos tres días libraste en tu interior una batalla mucho más grande, mucho más decisiva: sin la menor duda, entre la voz de la apariencia y la voz del corazón, sin la más mínima vacilación, elegiste la del corazón.
Si estás en alguna parte, si tengo la posibilidad de verte, sólo me sentiré triste tal como me siento cada vez que veo una vida desperdiciada, una vida en la que no ha logrado realizarse el camino del amor. Cuídate. Cada vez que, al crecer, tengas ganas de convertir las cosas equivocadas en cosas justas, recuerda que la primera revolución que hay que realizar es dentro de uno mismo, la primera y la más importante. Luchar por una idea sin tener una idea de uno mismo es una de las cosas más peligrosas que se pueden hacer.
Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve".
Parece que llega con más nubes que claros. Cambio de colores en el blog, más por la necesidad de perder de vista al negro que por el gusto hacia estos otros. No tengo ganas de escribir más, así que recurriré a la música, que bastante tengo que agradecerle. Y hablando de agradecimientos, una fotillo de la isla. En Espalmador hay un "lago" de barro (aunque el olor que desprendía recordaba a algo menos terapéutico) cuyas propiedades poco tienen que envidiar a las carísimas cremas antioxidantes que merodean por el mercado cosmético. Te sumerges, y si no acabas muerta/o de asco antes, dejas que el sol y, más tarde, el agua hagan su función...
Feliz vuelta a la carga!
Puedo escribir y no disimular
Es la ventaja de irse haciendo viejo
No tengo nada para impresionar
Ni por fuera ni por dentro.
La noche en vela voy cruzando el mar
Porque los sueños viajan con el viento
Y en mi ventana sopla en el cristal
Mira a ver si estoy despierto.
Me perdí en un cruce de palabras
Me anotaron mal la dirección
Ya grabé mi nombre en una bala
Ya probé la carne de cañón.
Ya lo tengo todo controlado
Y alguien dijo no,no,no,no,no
Que ahora viene el viento de otro lado
Déjame el timón…. y alguien dijo no,no,no.
Lo que me llevará al final
Serán mis pasos, no el camino
¿ No ves que siempre vas detrás
cuando persigues al destino?
Siempre es la mano y no el puñal
Nunca es lo que pudo haber sido
No es porque digas la verdad
Es porque nunca me has mentido.
No voy a sentirme mal
Si algo no me sale bien
He aprendido a derrapar
Y a chocar con la pared.
Que la vida se nos va
Como el humo de ese tren
Como un beso en un portal
Antes de que cuente diez
Y no volveré a sentirme extraño
Aunque no me llegue a conocer
Y no volveré a quererte tanto
Y no volveré a dejarte de querer.
Dejé de volar, me hundí en el barro
Y entre tanto barro me encontré
Algo de calor, sin tus abrazos,
Ahora sé que nunca volveré.