Conducía esta tarde, no sé del todo bien hacia dónde, cuando sentí la imperiosa necesidad de escuchar Otherside.
Fin de año de 1998, Sala Razzmatazz, primeros acordes de Otherside... Pasa que a veces una canción (como una mirada, una sonrisa o una mentira) corre tan hacia dentro que intuyes, al segundo, que formará parte del resto de tu vida.
La música como refugio y salvación, hoy y siempre. Como los amigos, esos que llegan en bicicleta a rescatarte del miedo, y te recuerdan que la felicidad no debe de estar tan lejos. Pero da lo mismo encontrarla a día de hoy, porque estás sentada en un bar del centro, vestido con mesas raídas de vivencias, tomando una cerveza y punteando cuatro acordes improvisados: how long, how long well I slide...
Y les miras, con el cariño con el que miras un trabajo bien hecho, y sientes que estás a salvo, que nada ni nadie estropeará un futuro incierto pero limpio y transparente. Y les vuelves a mirar, y -por primera vez en muchos días- quieres llorar de alegría y agradecimiento. Y el momento es más intenso cuando la puerta del antro se abre, y te veo acercarte y sonreír, afirmando que no, que nuestro primer beso no tiene nada que ver con esta canción... Y todavía no me atrevo a confesarte que mi convencimiento sobre ello, fue el modo más rápido que encontré para robarte un segundo beso.
Se dice que toda elección implica renuncia. Hoy, de una forma consciente y segura, elijo a Mariajo, tocada y prácticamente hundida, pero viva, a fin de cuentas. Y la elijo a ella, me elijo a mí, porque, algún día, comprenderé que es la más hermosa de todas las elecciones. Hasta entonces, que la música nos aguarde.