8 de enero de 2018

Ya nada es lo que era

Yo caminé hace poco de su mano. Esas manos que te llevan a algún lugar. Esos lugares que te recuerdan que aún puedes abrir los ojos y sentir que hay más de luz que de oscuridad. Con treinta y todos no se puede jugar a caer, porque las hostias pasan de ser aprendizaje a herida que, quizás, nunca cicatrice, o quizás sí. El caso es que yo, mirando con perspectiva, jugué a caminar de su mano, con la parte de espejismo que implica jugar a caminar. Creí que me comía el mundo cada vez que le daba un bocado a cualquier dulce esfera, hueca. Me sentí marea entre tanta costumbre, niña que corre sobre el asfalto en una carrera improvisada.. y bueno, perdí.. un pendiente, y un trocito de sonrisa. Encontré a Pop, después de buscarla por muchos rincones. Y pinté, con un temblor hijo del miedo, el paso del tiempo y el recuerdo de una gran ausencia. Supe de versos y canciones que hablaban del rimel negro que usaban sus pestañas para esconder una mirada esclava de otra mirada. 
Algunos días camino sola, y mi mano no tiene demasiadas ganas de colocar los astros en fila. Imagino que alguien puso sobre ella un puñado de palabras extrañas, que encierran verdades, como el puño que ahora es. Una mano sola, que llora cuando su compañera señala otros planetas.

18 de diciembre de 2017

Volver a ser una niña

Se sentaban delante de una mesa antigua de escritorio con un mundo de plástico duro en frente. Lo hacían girar y cada uno colocaba el dedo donde sus instintos le susurraban. Ella siempre sentía frío y jugaba a enfadarse cuando le tocaban destinos polares. Él nunca tuvo preferencias, sólo quería huir de la tierra que acoge a sus seres queridos desde hacía unos meses. No hay nada más bonito que soñar con lo que deseas, sin demasiado apego a esos trocitos de anhelos, con cautela, acariciándolos con tacto de abuela. Si les aprietas, se asustan y se alejan. Por eso decidimos no hacerlos prisioneros y dejarlos que ellos decidieran si querían huir o ser frío.
Algunos días, buscaban refugio en tiendas de discos, ambos habían crecido con música. Ella soñaba con bailar como su madre, que se movía como la gitana que era. Él le explicaba que su padre era pianista, llevaba tirantes y bebía vino blanco. Las ausencias pesan menos cuando las compartes con otras ausencias.
Ella se caía casi todos los días, él tropezaba de vez en cuando. Nunca se atrevieron a tener tiempo para saber mucho más el uno del otro, o quizás entendieron que la información que conocían era suficiente como para no hacerse demasiadas preguntas.
Una mañana, ella había muerto de miedo, y él le hizo un regalo. No le dio las gracias, sólo le contestó con un retal de su mirada triste y lloró. "Te vi cómo los mirabas". En las manos de ella, dos zapatos de niña rojos con lunares blancos. Ese es el destino que hoy mis dedos quisieran señalar, volver a ser una niña.

8 de octubre de 2017

Palabras

Hablaban, se escribían con las ganas locas de quien vislumbra una especie de desastre inminente, y siente la necesidad de vaciarse de palabras. Algunas veces, cuando pensaban que ya se lo habían dicho todo, recurrían a canciones y entonces abrían quince frentes más que les hacían pensar, muy para adentro, algo así como "menos mal, esto acaba de empezar".
Una noche, cada uno en su sillón del mundo, decidieron brindar por la distancia, que desapareció con el tacto frío de aquellos vasos verdes de Duralex. Ambos habían sido pequeños hace demasiado, y se habían enfrentado a la aventura de sobrevivir en un espacio/tiempo extraño. Ella le habló de Edith Piaf, le explicó que es una de las pocas personas que se sintió enamorada de su propia voz cuando la escuchó por primera vez en una grabación. Él no dejaba de volar, por encima de los océanos.
Hablaban. Y algunas veces se entendían. Y se vaciaban de palabras. Ojalá no fuera así, pero los dos conocían demasiado bien la sensación de tener que soportar el peso de un desastre inminente.

6 de septiembre de 2017

Días

Hay días en que aprieto el verbo poder con las manos, pero sólo veo alambradas. Me incomoda el silencio, y el ruido apesta a himno añejo. No sé si quiero o debo, y el presente es un tiempo que cambiaría en un chasquido de dedos que ni siquiera sé entonar. Lamentarme me produce un cansancio impermeable, y mi piel se hace transparente dejando a la vista todos los órganos que allí habitan, con sus cicatrices remachadas e imperfectas.
Sin embargo, hay días de olor a jazmín, y de rituales obscenos que provocan una turbia y maravillosa explosión de cualquier termómetro que se atreva a acercarse a mí. Me atraen los sabores orientales y bebo con la certeza de un previsible pero siempre único estado de conjunción mayúscula, de entendimiento profundo e irrepetible.
Hay días que ni blanco ni negro, ni torpe ni hábil. Ni nada. Días de nada. De paso del tiempo. Ni indultos, ni castigos. Ni tembleques, ni estatismo. Ni nada. Ni bueno, ni malo. Ni ser, estar o parecer. Ni nada.
Hay días de abundancia. De vicio, de pecado, de lujuria, de sexo, de ron. De todo.
Hay días de mierda, de vida, de mirar hacia atrás, de cerrar los ojos. Hay días de nada. Y hay días de todo. Pero a ti, cariño, te miro. Y siempre veo noches.

30 de mayo de 2017

Los mismos bares

Tenía una "libreta de reflexiones" que sacaba de su mochila en las noches de tequila, limón y juegos de lengua y desafíos. A veces ojea sus páginas, vestidas de cientos de "te quieros" que avivan la teoría causa efecto/ alcohol amor. Cuando se siente muy sola, le invade la tentación de creerse alguno de ellos, y pasar por alto el escalofrío de los silencios infinitos.
Sonríe mientras sus pupilas se deslizan por la genialidad de algunas frases, escritas desde el estómago comprimido a punto de vomitar. "Aquí estoy borracha, en este bar de dudas", esa es su preferida. La escribió en Berlín, durante un concierto de jazz de un tipo con melena y ojos huracán. ¿Qué será de él? ¿Se habrá cruzado con la felicidad?
Le da un poco de miedo colocar sus recuerdos en la parcela de tiempo que les corresponden, y no por nostalgia o añoranza, sino por los dos dígitos numéricos que los separan ya de su presente. De todo empieza a hacer ya demasiado tiempo, y algunos sueños siguen en su libreta de reflexiones, dispuestos a salir volando de esas páginas y caer en plan meteorito delante de su mirada triste "creías que no nos volveríamos a ver? va! desnúdate!"
Y algunas noches vuelven a escribir. Ahora hay más certezas que dudas, maldita sea. Y más limón que tequila. Maldita sea también.


27 de febrero de 2016

Patrones

Nos obligaron a vivir por debajo de casi todos, rindiendo pleitesía a una disciplina ajena, que ni entendimos ni compartimos nunca. Nos hicieron inseguros a golpes de comparaciones, colocándonos en el escenario de los perdedores, desde donde mirábamos las estrellas a escondidas, soñando con algo diferente. Aprendimos a callar y a ocultar el miedo como acto de dignidad, tratando de ser solidarios con la alegría que -como niños- debíamos tener, pero que ni siquiera conocíamos. La calma, como un edificio apuntalado, se desvanecía un par de veces al mes, cuando nos atrevíamos a explorar algún terreno desconocido, atractivo, impensable entonces. 
Fuimos los primeros, pero eso no bastaba para palmear nuestras espaldas o entonar un "ey, qué bien lo estáis haciendo". Nos quisieron, sí, y sacrificaron su vida por nosotros y -con ella- nuestros sueños. 

No creo en las obligaciones. Me gusta amar desde arriba, rindiendo pleitesía a un cuerpo ajeno que no sepa a disciplina, entendiéndolo, conociéndolo y compartiéndolo. Busco la seguridad que perdí en alguna comparación y pocas cosas me ilusionan más que colocarme ante cualquier escenario y escuchar las estrellas. Me encanta hablar, y daría parte de mi vida por vencer los monstruos que todavía habitan bajo mi calma. Que la vida es sueño. Y que cada día sueño con un trocito de vida.

23 de febrero de 2016

Anís

Siempre quiso escapar de la oscuridad. Tenía el convencimiento de que en la sencillez encontraría ese pequeño foco de luz que se ocupara de desenredar los nudos firmes de la sinrazón. Algunas veces, eran los dedos de G. -ya heridos de tiempo y cansancio- quienes iluminaban su mirada. Las pocas horas que compartían sabían a una mezcla entre anís y derrota. Una miraba al futuro con desconfianza, la otra no tenía futuro hacia donde mirar. Pero juntas tejían una bufanda de colores y agujeros negros, que les permitía brindar por la vida entre punto y punto.
Le gustaban los mensajes cortos, sin adornos. Y siempre quiso escapar de la oscuridad. Por eso se sentaba delante de su abuela, que todavía tiene dos focos de luz en la mirada.

18 de noviembre de 2015

Pensamiento mágico

El pensamiento mágico consiste en atribuir un efecto a un suceso determinado, sin existir una relación causa-efecto comprobable entre ellos. Así, podríamos poner como ejemplo la fe o la superstición, pero a Eme siempre le pareció mucho más interesante el uso que -de tal pensamiento- hacen los niños, porque Eme -algunas veces- es una niña que mira -cansada- la batalla eterna entre sus monstruos y superheroes. En los días de lluvia, camina cabizbaja, como si el peso de la oscuridad empujara su mirada hacia cualquier charco que albergue reflejos. La niebla, en cambio, baila a contraluz, con un movimiento ligero y circular, tan de labios que juegan a resistirse, tan de beso al fin y al cabo. El niño de verde le explica estos cuentos a Eme y ella que -algunas veces- también es una niña salta sobre el primer charco sin reflejo y atraviesa la niebla y entonces la arrastra la magia del pensamiento. Eme coge impulso y -aunque nunca aprendió a volar- sí sabe tocar el cielo. Y allí, tan arriba, se encuentra con el mismo reflejo del charco. Suelo y cielo separados por una neblina que baila a contraluz.
El peso de la ambivalencia, los buenos y los malos, el miedo, la oscuridad, el pensamiento mágico.. Pasear, cabizbaja, con la mirada hacia cualquier charco y ver el reflejo de un niño que viste de verde, y explica cuentos de niebla a contraluz. De pequeñas gotas que corren hacia arriba, como buscando canciones. Algunxs creen que son gotas que andan descentradas, como locas. Yo prefiero pensar que están vivas.

1 de noviembre de 2015

Avanzar

"Llévame. Guíame. Ve delante" Porque -de ese modo- parece más sencillo avanzar. Avanzar, ese es el verbo al que nos agarramos como si su propia condición de movimiento nos empujara a otro lugar. Lo que nadie nos asegura es que esa nueva situación implique mejora, pero -aún así- avanzamos, porque nos creemos muy valientes y capaces de dar ese salto hacia el siguiente nivel. Sólo espero que -al final de la partida- no tengamos que tragarnos nuestra prisa por avanzar; que no miremos atrás y se nos retuerza el alma al entender que -allí abajo- un montón de porqués nos miran indefensos, como diciéndonos "joder, corriste demasiado, y aquí no estabas tan mal".
En mis carreras, la línea de salida coincide con la linea de llegada. Piso la meta, que es exactamente ese trozo de asfalto que un rato antes sostenía un cuerpo menos cansando. No quiero avanzar en un tiempo. Discúlpenme si me quedo atrás, desvistiendo a todos esos porqués hasta conseguir entenderlos, entenderme. Quizás entonces comprenda el auténtico significado del término avanzar, sin necesidad de huir. 

14 de octubre de 2015

Alturas, trenes, nubes y gatos

Casi siempre me dejo vencer por esa manía que tiene la vida de esconderse y engullir -de un trago- la necesidad que siento de creer en las alturas, en los trenes, en las nubes, y en los gatos. De creer en algo que no sea humo, que no se vista de humo y que no se desvanezca como el humo. Proyectar toda tu imaginación en una única carta es jugar con el mismo fuego que termina convirtiéndola en ceniza. Yo escribía cartas. Dibujaba trincheras de colores en folios blancos, en un intento de ser noche, canción o cerveza, no importa el orden. Me aferraba a una magia que nunca existió más allá de mi sentimiento de indefensión y claro, fallé en todos los trucos.

A día de hoy, me aburren las personas que tiran de frases hechas para no tener que molestarse en pensar demasiado. Todavía me sigo preguntando qué esconderán tantos "te quieros" postrados y agonizantes tras una pantalla de móvil. Y las putas Pes de Pamplona que preceden a las risas y las convierten en velocidad, en huida, no vaya a ser que nos dé por agarrar del cuello a esa vida que se esconde y engulle alturas, trenes, nubes y gatos, mirarla de frente y decirle "ey, tú y yo tenemos que hablar, en serio" (deságanse de la última coma si lo que les interesa es tener una conversación formal). 

Casi siempre me dejo vencer por las manías de la vida... Aunque en realidad, por muchas vueltas que vaya dando, termina por estacionar siempre en el mismo lugar. Ahora parece que toca invierno, y frío. Bien. Así -al fin-  tendré algún motivo distinto de ti para poder temblar.



13 de septiembre de 2015

Los ojos de Jorge

Los ojos de Jorge están abiertos al mar, en un combate de azules preciosos. Me explicó que esos ojos son de su madre, que también se enfrenta al mar a diario, pero desde arriba, que es desde dónde se ha de mirar el mundo. A mí siempre me ha gustado mirar ciertos ojos (que son mundos) desde arriba. Ese es el vértigo que paraliza, y te corta en dos, como diciendo "ves? sigues viva". 
En los ojos de Jorge nace un presente cada segundo, y se vuelven duda e incomprensión cuando le pregunto si vale la pena que nos desviemos un par de cuadras para ver un partido de baloncesto. Él no conoce la pena, y mucho menos su valor. 
Los ojos de Jorge conviven con los ojos de decenas de niños, que -dice- son la esperanza del mundo. Y entonces ya nos vemos obligados a perdernos en el pensamiento de José Martí, que debiera ser referencia obligada para cualquier maestro, pedagogo, psicólogo, político, filósofo, persona. Pero  caemos en la cuenta de que no hay tantas personas en el mundo capaces de volar, y mirarlo desde arriba. Tampoco se le echa mucha cuenta al presente, porque parece que lo más práctico es proyectarnos, desde un individualismo atroz, en un plano futuro. Eso es lo que nos permite dormir por las noches, aunque a escasos kilómetros haya niños a los que les han arrebatado su derecho de ser esperanza, de ser niños. 
Los ojos de Jorge sonríen cuando me pierdo en mil dudas. Y entonan una gran negación si planteo que tal vez debiera pensar menos. "Desconfía de quienes te digan que no has de pensar tanto. Si acaso, se selectiva con tus pensamientos, y valora bien a qué y a quién se los regalas". 
Lo de sentir es el motor de un mundo cada vez más enfermo. Ya poco queda por hacer. Y en eso también estamos de acuerdo. "Que tú sientes?" Es una pregunta recurrente en los ojos de Jorge. Y entonces le hablo de trincheras, y versos. De canciones. Le hablo de mentiras, de soledad, y de miedo. Le hablo de sueños que se quedaron en el camino. Pero también le hablo de un presente que surge como de la nada, y alumbra todo. Ahí es cuando el reflejo de los ojos de Jorge muestra una Eme bonita (o eso dice él). "Una muchacha bonita, ya tú sabes. Has de pelear siempre por lo que sientes. Pero tú no puedes mendigar nada, porque si tú mendigas, sólo tendrás restos, y vacío. Migajas. Y de migajas no se come, ni se vive".
Y en esas andamos. Viviendo.

22 de agosto de 2015

Exclusividad

Vivimos escondiendo palabras, colocándolas en el rincón más oscuro de nuestro cuerpo acorazado, y cubriéndolas con mantas que tejieron para nosotros. Regalar un ápice de exclusividad, para -en seguida- disfrazarla con comparaciones, como si exponerte en una vitrina al lado de otras máscaras fuera menos arriesgado que entonar un "ey! que no hay nadie igual que tú".
A mí no me lo dicen demasiado, por eso me desafino entre la mayoría de la gente, Y a veces, no puedo evitarlo, miro una pantalla que dice que andas en linea, o en "ralla", o rallado, o qué sé yo..
A tantos dioses que no existen termino pidiéndoles siempre la misma historia: círculos, viciosos. Círculos borrachos de palabras malditas.

28 de julio de 2015

Todos los caminos llevan a Roma

Perder(se) es un verbo recurrente. No siempre andamos sobrados de luz, y caminar a tientas se convierte en un acto casi reflejo. Es entonces cuando nos agarramos a cualquier brazo dispuesto a (a)tendernos, la trampa. Como si de él dependiera nuestra estabilidad, nuestro equilibrio.
Vagar por mares de dudas siempre fue muy literario, pero la literatura poco sabe de naufragios, ni de ti. Tampoco tú sabes demasiado de ti, ni de literatura, por muchos muros que pintes de poesía. Y al final, de todos los caminos, terminas escogiendo aquél que nunca te conducirá a Roma, desenfundando -en el viaje- innumerables mecanismos de defensa a personas que jamás te declararían una guerra. Y así.

25 de junio de 2015

Clases de baile

Es casi ley. Es casi tango. Para que la belleza del movimiento aflore sólo hace falta que uno avance, y el otro retroceda. Y ese es el baile, ese es el maldito y perverso baile de la vida. El sublime mareo de caderas, el vértigo de la caída cuando tu brazo en mi espalda todavía se llama duda.. Eso debe ser volar. Desplegar las alas no parece complicado hasta que entiendes que, forzosamente, has de aterrizar. 
La música termina. También es casi ley. Y el baile ya no es un acompasado juego de avances y retrocesos. Con el silencio comienza la caída, despacio en su inicio; la sensación del final tiene forma de nudo corredizo, que se desliza de garganta a pecho, avanzando, retrocediendo. 
Y ésta viene siendo la historia de Eme. La historia de alguien a quién invitan a participar en el mejor espectáculo de danza del mundo, ignoranes de que ella, asustada, apenas sabe bailar.

10 de junio de 2015

Derrotas

Pero sin tildes, sin piedad. Estoy.. pensando en re-evoluciones, lejos de ilusiones ópticas, lejos de esperar nadas, tan vacíos, tan fríos, tan nada.
Las paredes se quejan por las noches, creo. Andan en huelga de calor, y crecen monstruos del tamaño de la ausencia que dejaron los héroes que me salvaban entonces, con un beso en la frente, con un "no tengas miedo, no son reales". Pero los héroes determinaron que la tierra era demasiado vulgar, y volaron, como vuelan las promesas, como vuelan los acentos, y como vuelan los colores.
El río hoy no sabía de azules, no quería saber. "Vivir es probarlo infinitas veces", decía una pared. Pero no reparó en la falta de oxígeno que implica correr infinitas veces, huir infinitas tantas.
Me duele el mundo, que decía no sé quién. Me duele hoy, ahora, que he chocado de frente con más respuestas que interrogantes.
Hola. Cómo estás? Estoy.. Mi reloj marca latidos, o eso dice.

18 de mayo de 2015

Te odio

Conjugar según que verbos debiera ser broma, o delito. Yo siempre fui de querer, mal y pronto, pero de querer, al fin y al cabo. Llevo días escondiendo mi versión más rock, mi versión más yo. Y ni con esas, he conseguido evitar la jodida conjugación.. No creo en las mentiras, hace años que les perdí la pista, de baile.  Para jugar, con fuego, es necesario haberse quemado alguna vez, y son esas marcas, ardiendo todavía, las que me recuerdan que no hay otro camino, salvo el de regreso. Regresar a esa bendita maravilla que es la vida. La que sonríe, la de las tazas de Superman llenas de ron y cola. La de besos, latidos y poemas de Rilke. La de los "te echo en falta" o "te quiero quitar los tejanos mientras suena algo de Silvio".. Nunca he sabido odiar(te), y el permiso para querer(te) andará entrelazado en alguna pulsera de cuero. Acabar,  antes de empezar, varias veces. Te odio, a vida. Te quiero, a muerte.

5 de mayo de 2015

El spleen de París

El río en cambio constante, Heráclito y su movimiento perpetuo. Molde(arte). Resurgir de las nadas y los todos, y sentarte a mirar el mundo desde algún ángulo agónico. Huir del balanceo constante y tembloroso para fijar raíces durante siete minutos, que son los que duran -exactamente- tu torpe recital de poeta maldito. El spleen de París es combatir cualquier al(arma). Siete minutos de negación de la realidad, siete minutos de sumisión a cualquier dogma que tú quieras instaurar.
Creo en la música, en los versos de Nacho Vegas, que repites -de forma casi mecánica- cuando algo te preocupa.
Me preocupa compartir espacio con aquellos que convierten las melodías en un deporte de mal gusto. Me angustia el poder que regalamos al personaje, no a la persona. Sólo tú, apenas tarareando, me alejas de esa arritmia mal sonante y reiterada.
Creo en el portazo tras el verso, en los nudos gástricos y en las noches en que aún te necesito. Creo que te odio un poco por ello, por tejer necesidad entre mi miedo y tu aparente equilibrio.
Creo que creerte es el único acto de fe que no me aburre. Y mirarte, a pesar de mi vista cansada, es trazar una línea infinita entre esos siete minutos en que recitas París.

11 de marzo de 2015

Me quiero

Por encima de mis medias, ya me entiendes. Y no es que te pida prestada un poco de lógica matemática, es que los mejores cálculos están ahí arriba, donde los nudos ya no muestran resistencia, y no hay duda que no acabe en cenizas. 
Y pienso en una posible recaída, como efecto primario del modo en que me explicas que vas a dejar de fumar, y que igual podrías salir a correr conmigo. Desplanificar la vida a tu lado es volver a los tiempos de vino y rosas, es querer reconquistar la primavera, es reservar el bocado más dulce para el final. 
Desde el margen cansado, el rio de lo superfluo pasa sin hacer mucho ruido, con lo que resurgen nuevas prioridades. No me interesa ni la magia ni el veneno de ciertas ilusiones, huyo de lo vanal, lo reiterado, lo cansino y lo impreciso. 
Y eso. Que mi realidad es invitarte el viernes a cenar, y el sábado a un concierto en el bar de siempre. Es que apoyes la mano sobre mi media izquierda y reconozcas la canción que están cantando, porque la escuchaste antes, porque es la que sonaba en aquél momento concreto. ¿Sabes? Quizás entonces me atreva a decirte que te quiero. Perdón, que me quiero. Contigo. 

26 de febrero de 2015

Finales

Resistencia. Mantenerse firme a unos principios que -burlas semánticas a un lado- buscan vivir su propia historia, con final, como todas las historias. 
Adaptación. Llegar a divertirte poniendo a prueba  a ese yo social, para el que siempre es época de Carnaval. 
Cadiz. Pasear por La Caleta. Guitarras como terapia alternativa a una vida de arena y cal. Ron para celebrar el éxito de recordarte cada día, un poco menos.
Recuerdos. Dedicar un espacio privilegiado de la memoria a honrar y venerar a quienes -entonces- se burlaron de la semántica para hacer de sus principios una historia sin final. 
Justicia. Para erradicar el miedo de unos muchos y el cinismo de unos pocos. Y libros, todos y cuantos podamos adquirir, porque llegará el día en que su consumo llegará al cielo y no por sed de conocimiento, sino porque nos los habrán arrebatado (también), y será entonces cuando lloverá consciencia sobre nuestras cabezas y queramos saborear la miel que ya no tenemos.
Llegar al cielo. Rezar. La fe. Salvarse de no sé quién, o no sé qué. Dios, él sí que sabe de adaptación y resistencia, qué hombre! 
Jueves. Principios. 

4 de febrero de 2015

Re(cuerdos)

Algunas mañanas me despierto abrazando tu recuerdo. Tu recuerdo, que va y viene como un tren de cercanías, que se impone, violentamente, al otro lado de la cama, así, tan tú, sin mí. 
Algunas mañanas recuerdo tus palabras, tan presentes todavía, y quisiera que dónde hubo palabras, ahora haya silencio, silencio compartido y definido, sin adornos, sin metamorfosis burdas de lo que fueron oraciones, plegarias, escaleras directas al cielo. 
Algunas mañanas llueve por dentro, y esnifo esas bajas temperaturas con la única intención de que el frío congele tu mundo y lo convierta en despedida. Porque todo fue -casi siempre- una despedida, primero a otra canción, luego a otra ciudad y -al final- a otra persona. 
Algunas mañanas, ya sabes, te recuerdo. Un recuerdo que es tantas cosas, tantas veces, de tantas maneras.. y por tanto tiempo.