23 de octubre de 2019

Te sigo recordando, Amanda

En un año me has enseñado a reconocer unos ojos transparentes y libres de prejuicios. Me has regalado casi a diario una sonrisa, una caricia y últimamente alguna palabra. Me has sacado las dudas, como si fueran espinitas, cada vez que me he sumergido en el mar que las habita. He sabido gracias a ti que los niños preferís jugar con cosquillas y canicas a tener un móvil en las manos. También he batallado con los miedos más atroces cada vez que te venía a visitar la fiebre. Del amor incondicional ya sabía, pero tú lo has elevado a niveles inimaginables. He aprendido a respetar tus gustos, en todos los sentidos, y -a pesar de mis ganas locas de enseñarte mil canciones- he desechado la idea de inculcártelas como doctrina. He sentido y siento nuevamente la vulnerabilidad de fantasear con una nueva vida, que llegue de lejos, de dónde no tienen apenas nada, también gracias a ti.
Ojalá, Amanda, se cumplan todos tus sueños, que sé que son muchos y bonitos. Me asusta que no sepas llorar, aunque sé que es esa extraña "característica" que te hace ser diferente al resto de personas.
Ojalá todo Amanda. Ojalá siempre.

1 de octubre de 2019

Magia pura

Algunas canciones tienen la particularidad de hacerte creer que la vida es más sencilla de lo que aparenta. El de Sevilla sabe de eso, al final va a ser cosa del sur. Me lo imagino, así con sus aires de cierta debilidad, desvistiendo al mundo y dejándolo endeble y descalzo, mientras garabatea en su viejo cuaderno. Pero esto lo cuenta mi cabeza, que también es todo un mundo, y a veces se deja deslumbrar por la silueta de un amanecer que apunta maneras (de vivir).
Detrás de ese dejarme arrastrar por la incertidumbre, no me voy a engañar a estas alturas, hay un montón de luceritos que parpadean a modo de brindis. Y saltan, y gritan y me susurran que me acuerde de las tardes en las canchas cuando el flamenco no sabía de penas ni de puñaladas. Y entonces ya la bajada sin frenos por la cuesta más pronunciada de cualquier carretera del pueblo donde veraneabas: así viajan a veces, pocas, los buenos pensamientos. El rock, las tardes de más vino que rosas, la disconformidad ante lo impuesto, el orgullo de pertenecer a un barrio con olor a sardinas.
La vida ahoga cuando se pone puta, pero si la miras de frente te das cuenta de que también sabe de miedos y tristezas. Quizás sólo necesite a sus amigos, un poco como yo.
Algunas canciones tienen la particularidad de hacerte creer que es más sencilla de lo que aparenta, y como todo lo sencillo, son las más bonitas.
Cuento las horas para sentirlas, esta vez en casa, que es el bar de madera aquel. Con mis amigos, que son magia pura.


2 de enero de 2019

Un año más, un año menos..

Mi amiga Raquel dice que si ves claramente que algo no es bueno para ti y continúas ahí, toda responsabilidad recae sobre ti. Imagino que tiene razón, con el matiz de que no solo la vista forma el mapa de nuestros sentidos, ni siquiera -en algunos casos- se podría definir que hay sólo cinco. Pero sí, esencialmente, hay situaciones que son como si alguien te regalara un pasaje para viajar en el Titanic y tú lo aceptas con la ilusión y la convicción de que es lo que más deseas en el mundo. Lo triste, y grave, es que te sabes bien la historia, y conoces el final. 
Imagino que por esa razón una termina queriéndose un poco menos de lo que ya lo hacía, si eso es posible. El camino del “autoperdón” es largo y -en ocasiones- tenebroso; y el duelo de la dignidad tiene demasiados tentáculos. A pesar de que la ayuda externa es bienvenida y necesaria, jamás es suficiente para saldar esa deuda tan grande que has contraído contigo misma. 
En esas estamos, en esas seguimos y en esas permaneceremos, en un plural obligado y justo que incluye a un montón de personas que han considerado opción posible y válida el hecho de regalarme su tiempo, su casa, su hombro, su alegría y su estima. La amistad es para mí lo más importante del mundo, lo digo así de clara y sencillamente. Si alguien ha tenido la ocasión de ver Vientos de agua, recordará esa escena en que Gemma, siempre lúcida, dulce y maravillosa, entona un discurso acerca de la importancia de no rendirse, “siempre avanti” y al final, casi ya en un susurro pero con la mirada segura y confiada añade “no estás sola”. 

Que el 2019 os ponga en el camino a personas bonitas, auténticas y honestas. Salud, calma, amistad, amor/sexo (me niego a separarlo), música, trabajo (os adoro, enanxs), deporte.. Creo que en ese orden pero no estoy segura. En cualquier caso, que os depare momentos bonitos. Ojalá sea así.. 

23 de octubre de 2018

Amanda

Ojalá tengas a tu madre y a tu padre hasta que seas viejita, y les cuides y admires. Ojalá crezcas en un entorno de alegría. Ojalá nadie te aparte las piedras que encontrarás en el camino, que tropieces con ellas y tú mismas escojas con las que quieres volver a tropezar. Ojalá te rompan el corazón, eso quizás signifique que has amado sin condiciones. Ojalá cada vez que brindes resuenen en tu copa tres palabras: amistad, justicia y coherencia. Ojalá no te cuenten historias, que seas tú misma quien las construya a base de esfuerzo e ilusión. Ojalá fabriques unos ideales sólidos, hechos a tu medida, que luches por ellos con sed de triunfo pero sin tiranía. Ojalá no hagas daño, aunque te lo hagan a ti, que sepas alejarte con entereza de lo que no vaya contigo o de quien no quiera ir contigo. Ojalá mires del mismo modo a tu jefe que a la señora de la limpieza, y ojalá nunca quieras ser jefa de nadie. Ojalá tu cuenta bancaria tiemble con la misma risa que puedas temblar tú cada vez que compartas aventuras y desventuras con tus amigos. Ojalá hagas muchos regalos y compres pocos. Ojalá sientas la música en las entrañas. Ojalá sepas compartir, hasta cuando sólo tengas un pequeño pedazo de pan. Ojalá vivas con muchos animales y sean tu familia, no tus mascotas. Ojalá persigas tus sueños y no desfallezcas en el intento. Ojalá no escuches a quienes te digan que algo no está a tu alcance. Ojalá siempre, y ojalá todo.

17 de abril de 2018

Freud, Kant y otros asuntos

Te lo digo desde el convencimiento más firme "siento mucha pena por todas esas personas que no se han caído nunca, que viven en una línea recta". Él siempre concluye las conversaciones con frases de este tipo, porque sabe, también desde el convencimiento más firme, que toda alumna tiene una fe ciega, casi mágica, en las palabras del que fuera su maestro. Quienes tendemos a sentir con las manos llenas de nada y la fuerza desgarradora de un ciclón necesitamos en nuestra vida a ese ser que, sabiendo de lo que hablamos, consigue llevarte al otro lado para que puedas echarte un vistazo con un poquito de distancia. Una vez allí, es otra dimensión, como un mundo paralelo desde donde te reconoces a medias. 
Yo, y también lo digo desde el convencimiento más firme, siento una profunda admiración por todas esas personas que acaban con el agua hasta el cuello, porque quieren ver el panorama desde abajo, porque sólo en ese espacio reducido que casi ahoga, puedes agarrarte a ti misma y encontrar tu puto punto de fuga. Admiración, nuevamente, por quienes aprendemos a valorar lo que tenemos, porque algún día no tuvimos más que miedo. Admiración por los que hemos besado el suelo enfangado tras unos pasos que nunca alcanzaremos. Por los que, en nuestra lucha eterna por llegar a algún lugar y -estando a escasos centímetros de la meta- retrocedemos para rescatar a quién sea y lo volveríamos a hacer cien mil veces. 
Y en estas llega Freud. Y Kant. Y otros asuntos.

8 de enero de 2018

Ya nada es lo que era

Yo caminé hace poco de su mano. Esas manos que te llevan a algún lugar. Esos lugares que te recuerdan que aún puedes abrir los ojos y sentir que hay más de luz que de oscuridad. Con treinta y todos no se puede jugar a caer, porque las hostias pasan de ser aprendizaje a herida que, quizás, nunca cicatrice, o quizás sí. El caso es que yo, mirando con perspectiva, jugué a caminar de su mano, con la parte de espejismo que implica jugar a caminar. Creí que me comía el mundo cada vez que le daba un bocado a cualquier dulce esfera, hueca. Me sentí marea entre tanta costumbre, niña que corre sobre el asfalto en una carrera improvisada.. y bueno, perdí.. un pendiente, y un trocito de sonrisa. Encontré a Pop, después de buscarla por muchos rincones. Y pinté, con un temblor hijo del miedo, el paso del tiempo y el recuerdo de una gran ausencia. Supe de versos y canciones que hablaban del rimel negro que usaban sus pestañas para esconder una mirada esclava de otra mirada. 
Algunos días camino sola, y mi mano no tiene demasiadas ganas de colocar los astros en fila. Imagino que alguien puso sobre ella un puñado de palabras extrañas, que encierran verdades, como el puño que ahora es. Una mano sola, que llora cuando su compañera señala otros planetas.

18 de diciembre de 2017

Volver a ser una niña

Se sentaban delante de una mesa antigua de escritorio con un mundo de plástico duro en frente. Lo hacían girar y cada uno colocaba el dedo donde sus instintos le susurraban. Ella siempre sentía frío y jugaba a enfadarse cuando le tocaban destinos polares. Él nunca tuvo preferencias, sólo quería huir de la tierra que acoge a sus seres queridos desde hacía unos meses. No hay nada más bonito que soñar con lo que deseas, sin demasiado apego a esos trocitos de anhelos, con cautela, acariciándolos con tacto de abuela. Si les aprietas, se asustan y se alejan. Por eso decidimos no hacerlos prisioneros y dejarlos que ellos decidieran si querían huir o ser frío.
Algunos días, buscaban refugio en tiendas de discos, ambos habían crecido con música. Ella soñaba con bailar como su madre, que se movía como la gitana que era. Él le explicaba que su padre era pianista, llevaba tirantes y bebía vino blanco. Las ausencias pesan menos cuando las compartes con otras ausencias.
Ella se caía casi todos los días, él tropezaba de vez en cuando. Nunca se atrevieron a tener tiempo para saber mucho más el uno del otro, o quizás entendieron que la información que conocían era suficiente como para no hacerse demasiadas preguntas.
Una mañana, ella había muerto de miedo, y él le hizo un regalo. No le dio las gracias, sólo le contestó con un retal de su mirada triste y lloró. "Te vi cómo los mirabas". En las manos de ella, dos zapatos de niña rojos con lunares blancos. Ese es el destino que hoy mis dedos quisieran señalar, volver a ser una niña.

8 de octubre de 2017

Palabras

Hablaban, se escribían con las ganas locas de quien vislumbra una especie de desastre inminente, y siente la necesidad de vaciarse de palabras. Algunas veces, cuando pensaban que ya se lo habían dicho todo, recurrían a canciones y entonces abrían quince frentes más que les hacían pensar, muy para adentro, algo así como "menos mal, esto acaba de empezar".
Una noche, cada uno en su sillón del mundo, decidieron brindar por la distancia, que desapareció con el tacto frío de aquellos vasos verdes de Duralex. Ambos habían sido pequeños hace demasiado, y se habían enfrentado a la aventura de sobrevivir en un espacio/tiempo extraño. Ella le habló de Edith Piaf, le explicó que es una de las pocas personas que se sintió enamorada de su propia voz cuando la escuchó por primera vez en una grabación. Él no dejaba de volar, por encima de los océanos.
Hablaban. Y algunas veces se entendían. Y se vaciaban de palabras. Ojalá no fuera así, pero los dos conocían demasiado bien la sensación de tener que soportar el peso de un desastre inminente.

6 de septiembre de 2017

Días

Hay días en que aprieto el verbo poder con las manos, pero sólo veo alambradas. Me incomoda el silencio, y el ruido apesta a himno añejo. No sé si quiero o debo, y el presente es un tiempo que cambiaría en un chasquido de dedos que ni siquiera sé entonar. Lamentarme me produce un cansancio impermeable, y mi piel se hace transparente dejando a la vista todos los órganos que allí habitan, con sus cicatrices remachadas e imperfectas.
Sin embargo, hay días de olor a jazmín, y de rituales obscenos que provocan una turbia y maravillosa explosión de cualquier termómetro que se atreva a acercarse a mí. Me atraen los sabores orientales y bebo con la certeza de un previsible pero siempre único estado de conjunción mayúscula, de entendimiento profundo e irrepetible.
Hay días que ni blanco ni negro, ni torpe ni hábil. Ni nada. Días de nada. De paso del tiempo. Ni indultos, ni castigos. Ni tembleques, ni estatismo. Ni nada. Ni bueno, ni malo. Ni ser, estar o parecer. Ni nada.
Hay días de abundancia. De vicio, de pecado, de lujuria, de sexo, de ron. De todo.
Hay días de mierda, de vida, de mirar hacia atrás, de cerrar los ojos. Hay días de nada. Y hay días de todo. Pero a ti, cariño, te miro. Y siempre veo noches.

30 de mayo de 2017

Los mismos bares

Tenía una "libreta de reflexiones" que sacaba de su mochila en las noches de tequila, limón y juegos de lengua y desafíos. A veces ojea sus páginas, vestidas de cientos de "te quieros" que avivan la teoría causa efecto/ alcohol amor. Cuando se siente muy sola, le invade la tentación de creerse alguno de ellos, y pasar por alto el escalofrío de los silencios infinitos.
Sonríe mientras sus pupilas se deslizan por la genialidad de algunas frases, escritas desde el estómago comprimido a punto de vomitar. "Aquí estoy borracha, en este bar de dudas", esa es su preferida. La escribió en Berlín, durante un concierto de jazz de un tipo con melena y ojos huracán. ¿Qué será de él? ¿Se habrá cruzado con la felicidad?
Le da un poco de miedo colocar sus recuerdos en la parcela de tiempo que les corresponden, y no por nostalgia o añoranza, sino por los dos dígitos numéricos que los separan ya de su presente. De todo empieza a hacer ya demasiado tiempo, y algunos sueños siguen en su libreta de reflexiones, dispuestos a salir volando de esas páginas y caer en plan meteorito delante de su mirada triste "creías que no nos volveríamos a ver? va! desnúdate!"
Y algunas noches vuelven a escribir. Ahora hay más certezas que dudas, maldita sea. Y más limón que tequila. Maldita sea también.


27 de febrero de 2016

Patrones

Nos obligaron a vivir por debajo de casi todos, rindiendo pleitesía a una disciplina ajena, que ni entendimos ni compartimos nunca. Nos hicieron inseguros a golpes de comparaciones, colocándonos en el escenario de los perdedores, desde donde mirábamos las estrellas a escondidas, soñando con algo diferente. Aprendimos a callar y a ocultar el miedo como acto de dignidad, tratando de ser solidarios con la alegría que -como niños- debíamos tener, pero que ni siquiera conocíamos. La calma, como un edificio apuntalado, se desvanecía un par de veces al mes, cuando nos atrevíamos a explorar algún terreno desconocido, atractivo, impensable entonces. 
Fuimos los primeros, pero eso no bastaba para palmear nuestras espaldas o entonar un "ey, qué bien lo estáis haciendo". Nos quisieron, sí, y sacrificaron su vida por nosotros y -con ella- nuestros sueños. 

No creo en las obligaciones. Me gusta amar desde arriba, rindiendo pleitesía a un cuerpo ajeno que no sepa a disciplina, entendiéndolo, conociéndolo y compartiéndolo. Busco la seguridad que perdí en alguna comparación y pocas cosas me ilusionan más que colocarme ante cualquier escenario y escuchar las estrellas. Me encanta hablar, y daría parte de mi vida por vencer los monstruos que todavía habitan bajo mi calma. Que la vida es sueño. Y que cada día sueño con un trocito de vida.

23 de febrero de 2016

Anís

Siempre quiso escapar de la oscuridad. Tenía el convencimiento de que en la sencillez encontraría ese pequeño foco de luz que se ocupara de desenredar los nudos firmes de la sinrazón. Algunas veces, eran los dedos de G. -ya heridos de tiempo y cansancio- quienes iluminaban su mirada. Las pocas horas que compartían sabían a una mezcla entre anís y derrota. Una miraba al futuro con desconfianza, la otra no tenía futuro hacia donde mirar. Pero juntas tejían una bufanda de colores y agujeros negros, que les permitía brindar por la vida entre punto y punto.
Le gustaban los mensajes cortos, sin adornos. Y siempre quiso escapar de la oscuridad. Por eso se sentaba delante de su abuela, que todavía tiene dos focos de luz en la mirada.

18 de noviembre de 2015

Pensamiento mágico

El pensamiento mágico consiste en atribuir un efecto a un suceso determinado, sin existir una relación causa-efecto comprobable entre ellos. Así, podríamos poner como ejemplo la fe o la superstición, pero a Eme siempre le pareció mucho más interesante el uso que -de tal pensamiento- hacen los niños, porque Eme -algunas veces- es una niña que mira -cansada- la batalla eterna entre sus monstruos y superheroes. En los días de lluvia, camina cabizbaja, como si el peso de la oscuridad empujara su mirada hacia cualquier charco que albergue reflejos. La niebla, en cambio, baila a contraluz, con un movimiento ligero y circular, tan de labios que juegan a resistirse, tan de beso al fin y al cabo. El niño de verde le explica estos cuentos a Eme y ella que -algunas veces- también es una niña salta sobre el primer charco sin reflejo y atraviesa la niebla y entonces la arrastra la magia del pensamiento. Eme coge impulso y -aunque nunca aprendió a volar- sí sabe tocar el cielo. Y allí, tan arriba, se encuentra con el mismo reflejo del charco. Suelo y cielo separados por una neblina que baila a contraluz.
El peso de la ambivalencia, los buenos y los malos, el miedo, la oscuridad, el pensamiento mágico.. Pasear, cabizbaja, con la mirada hacia cualquier charco y ver el reflejo de un niño que viste de verde, y explica cuentos de niebla a contraluz. De pequeñas gotas que corren hacia arriba, como buscando canciones. Algunxs creen que son gotas que andan descentradas, como locas. Yo prefiero pensar que están vivas.

1 de noviembre de 2015

Avanzar

"Llévame. Guíame. Ve delante" Porque -de ese modo- parece más sencillo avanzar. Avanzar, ese es el verbo al que nos agarramos como si su propia condición de movimiento nos empujara a otro lugar. Lo que nadie nos asegura es que esa nueva situación implique mejora, pero -aún así- avanzamos, porque nos creemos muy valientes y capaces de dar ese salto hacia el siguiente nivel. Sólo espero que -al final de la partida- no tengamos que tragarnos nuestra prisa por avanzar; que no miremos atrás y se nos retuerza el alma al entender que -allí abajo- un montón de porqués nos miran indefensos, como diciéndonos "joder, corriste demasiado, y aquí no estabas tan mal".
En mis carreras, la línea de salida coincide con la linea de llegada. Piso la meta, que es exactamente ese trozo de asfalto que un rato antes sostenía un cuerpo menos cansando. No quiero avanzar en un tiempo. Discúlpenme si me quedo atrás, desvistiendo a todos esos porqués hasta conseguir entenderlos, entenderme. Quizás entonces comprenda el auténtico significado del término avanzar, sin necesidad de huir. 

14 de octubre de 2015

Alturas, trenes, nubes y gatos

Casi siempre me dejo vencer por esa manía que tiene la vida de esconderse y engullir -de un trago- la necesidad que siento de creer en las alturas, en los trenes, en las nubes, y en los gatos. De creer en algo que no sea humo, que no se vista de humo y que no se desvanezca como el humo. Proyectar toda tu imaginación en una única carta es jugar con el mismo fuego que termina convirtiéndola en ceniza. Yo escribía cartas. Dibujaba trincheras de colores en folios blancos, en un intento de ser noche, canción o cerveza, no importa el orden. Me aferraba a una magia que nunca existió más allá de mi sentimiento de indefensión y claro, fallé en todos los trucos.

A día de hoy, me aburren las personas que tiran de frases hechas para no tener que molestarse en pensar demasiado. Todavía me sigo preguntando qué esconderán tantos "te quieros" postrados y agonizantes tras una pantalla de móvil. Y las putas Pes de Pamplona que preceden a las risas y las convierten en velocidad, en huida, no vaya a ser que nos dé por agarrar del cuello a esa vida que se esconde y engulle alturas, trenes, nubes y gatos, mirarla de frente y decirle "ey, tú y yo tenemos que hablar, en serio" (deságanse de la última coma si lo que les interesa es tener una conversación formal). 

Casi siempre me dejo vencer por las manías de la vida... Aunque en realidad, por muchas vueltas que vaya dando, termina por estacionar siempre en el mismo lugar. Ahora parece que toca invierno, y frío. Bien. Así -al fin-  tendré algún motivo distinto de ti para poder temblar.



13 de septiembre de 2015

Los ojos de Jorge

Los ojos de Jorge están abiertos al mar, en un combate de azules preciosos. Me explicó que esos ojos son de su madre, que también se enfrenta al mar a diario, pero desde arriba, que es desde dónde se ha de mirar el mundo. A mí siempre me ha gustado mirar ciertos ojos (que son mundos) desde arriba. Ese es el vértigo que paraliza, y te corta en dos, como diciendo "ves? sigues viva". 
En los ojos de Jorge nace un presente cada segundo, y se vuelven duda e incomprensión cuando le pregunto si vale la pena que nos desviemos un par de cuadras para ver un partido de baloncesto. Él no conoce la pena, y mucho menos su valor. 
Los ojos de Jorge conviven con los ojos de decenas de niños, que -dice- son la esperanza del mundo. Y entonces ya nos vemos obligados a perdernos en el pensamiento de José Martí, que debiera ser referencia obligada para cualquier maestro, pedagogo, psicólogo, político, filósofo, persona. Pero  caemos en la cuenta de que no hay tantas personas en el mundo capaces de volar, y mirarlo desde arriba. Tampoco se le echa mucha cuenta al presente, porque parece que lo más práctico es proyectarnos, desde un individualismo atroz, en un plano futuro. Eso es lo que nos permite dormir por las noches, aunque a escasos kilómetros haya niños a los que les han arrebatado su derecho de ser esperanza, de ser niños. 
Los ojos de Jorge sonríen cuando me pierdo en mil dudas. Y entonan una gran negación si planteo que tal vez debiera pensar menos. "Desconfía de quienes te digan que no has de pensar tanto. Si acaso, se selectiva con tus pensamientos, y valora bien a qué y a quién se los regalas". 
Lo de sentir es el motor de un mundo cada vez más enfermo. Ya poco queda por hacer. Y en eso también estamos de acuerdo. "Que tú sientes?" Es una pregunta recurrente en los ojos de Jorge. Y entonces le hablo de trincheras, y versos. De canciones. Le hablo de mentiras, de soledad, y de miedo. Le hablo de sueños que se quedaron en el camino. Pero también le hablo de un presente que surge como de la nada, y alumbra todo. Ahí es cuando el reflejo de los ojos de Jorge muestra una Eme bonita (o eso dice él). "Una muchacha bonita, ya tú sabes. Has de pelear siempre por lo que sientes. Pero tú no puedes mendigar nada, porque si tú mendigas, sólo tendrás restos, y vacío. Migajas. Y de migajas no se come, ni se vive".
Y en esas andamos. Viviendo.

22 de agosto de 2015

Exclusividad

Vivimos escondiendo palabras, colocándolas en el rincón más oscuro de nuestro cuerpo acorazado, y cubriéndolas con mantas que tejieron para nosotros. Regalar un ápice de exclusividad, para -en seguida- disfrazarla con comparaciones, como si exponerte en una vitrina al lado de otras máscaras fuera menos arriesgado que entonar un "ey! que no hay nadie igual que tú".
A mí no me lo dicen demasiado, por eso me desafino entre la mayoría de la gente, Y a veces, no puedo evitarlo, miro una pantalla que dice que andas en linea, o en "ralla", o rallado, o qué sé yo..
A tantos dioses que no existen termino pidiéndoles siempre la misma historia: círculos, viciosos. Círculos borrachos de palabras malditas.

28 de julio de 2015

Todos los caminos llevan a Roma

Perder(se) es un verbo recurrente. No siempre andamos sobrados de luz, y caminar a tientas se convierte en un acto casi reflejo. Es entonces cuando nos agarramos a cualquier brazo dispuesto a (a)tendernos, la trampa. Como si de él dependiera nuestra estabilidad, nuestro equilibrio.
Vagar por mares de dudas siempre fue muy literario, pero la literatura poco sabe de naufragios, ni de ti. Tampoco tú sabes demasiado de ti, ni de literatura, por muchos muros que pintes de poesía. Y al final, de todos los caminos, terminas escogiendo aquél que nunca te conducirá a Roma, desenfundando -en el viaje- innumerables mecanismos de defensa a personas que jamás te declararían una guerra. Y así.

25 de junio de 2015

Clases de baile

Es casi ley. Es casi tango. Para que la belleza del movimiento aflore sólo hace falta que uno avance, y el otro retroceda. Y ese es el baile, ese es el maldito y perverso baile de la vida. El sublime mareo de caderas, el vértigo de la caída cuando tu brazo en mi espalda todavía se llama duda.. Eso debe ser volar. Desplegar las alas no parece complicado hasta que entiendes que, forzosamente, has de aterrizar. 
La música termina. También es casi ley. Y el baile ya no es un acompasado juego de avances y retrocesos. Con el silencio comienza la caída, despacio en su inicio; la sensación del final tiene forma de nudo corredizo, que se desliza de garganta a pecho, avanzando, retrocediendo. 
Y ésta viene siendo la historia de Eme. La historia de alguien a quién invitan a participar en el mejor espectáculo de danza del mundo, ignoranes de que ella, asustada, apenas sabe bailar.

10 de junio de 2015

Derrotas

Pero sin tildes, sin piedad. Estoy.. pensando en re-evoluciones, lejos de ilusiones ópticas, lejos de esperar nadas, tan vacíos, tan fríos, tan nada.
Las paredes se quejan por las noches, creo. Andan en huelga de calor, y crecen monstruos del tamaño de la ausencia que dejaron los héroes que me salvaban entonces, con un beso en la frente, con un "no tengas miedo, no son reales". Pero los héroes determinaron que la tierra era demasiado vulgar, y volaron, como vuelan las promesas, como vuelan los acentos, y como vuelan los colores.
El río hoy no sabía de azules, no quería saber. "Vivir es probarlo infinitas veces", decía una pared. Pero no reparó en la falta de oxígeno que implica correr infinitas veces, huir infinitas tantas.
Me duele el mundo, que decía no sé quién. Me duele hoy, ahora, que he chocado de frente con más respuestas que interrogantes.
Hola. Cómo estás? Estoy.. Mi reloj marca latidos, o eso dice.