28 de noviembre de 2023

No siempre sube la marea

Deseaba monitorizar su vida, para encoger la pena, como encogen las ganas de soñar. Escapaba del miedo con la torpe convicción de no dejar rastro. Sus ojos parecían vagabundos solitarios que rezan por caer en medio de una pista de baile, donde nadie percibe su presencia. El mundo la mira sin ganas y ella lo agarra fuerte de la mano. Pero el mundo, ya en el frente contrario, se deshace de las camisas que amarillean de sudor frío y sangre ardiendo. 

Recuerda los años de aula. Donde sus amigos, sin saberlo,  engrandecían esa clase, masticando con saña el bocadillo que sus madres preparaban antes de perder la primera capa de piel de sus rodillas y su dignidad, haciendo brillar suelos y sueños ajenos. 

Recuerda su sed de leer libros heredados, que nunca olían a nuevos, porque venían con decenas de anotaciones que no eran suyas, porque también eran heredadas. Su ropa olía a besos detrás del portal, a llama adolescente que conoce por primera vez el deseo. Pero entonces, el mundo tampoco contaba con ella, porque también su ropa era herencia.

Los días de instituto abrieron cada una de sus arterias en canal, para salpicarla de filosofía barata, que es la que le dio de comer y beber. No fue la solidaridad una doctrina impuesta, la sentía cuando tocaba la cara de su madre, el baile de su madre, el adiós de su madre. 

Y entonces.. La música, que la había estado acompañando desde los cuadernillos rubios, también de clase. Como las mejores personas, estuvo a su lado sin hacer ruido. 

Hoy no encuentra ganas de continuar esta historia, y decide retroceder hasta el día de la música. El día en que supo, con la misma certeza que ahora sabe de su soledad, que su clase y ella ya  no son más que una triste canción.

21 de abril de 2023

De sobras sabes..

Que hemos dejado de necesitar(nos) para escoger(nos).

Que incluimos preferir, desear, encantar y lamer al puñadito de verbos que supimos seleccionar con atino y destreza, desde la voluntad y la euforia propia de una noche rosada de vino.

Que el singular se nos queda corto, y el viernes. Y el sabor de después.

Que te espero despierta, o poco dormida, que es lo mismo que despierta. Que sigues siendo la presa que mis sentidos buscan para llenarse de vida.

Que ya no te supongo ni intuyo. Te sé. De memoria. Sé de tus silencios llenos de luz. Sé de las tinieblas cuando agachas la mirada y aprietas los dientes. Sé lo que hay dentro, lo he tocado tantas veces como vueltas da ese disco -tan socrático- que nos mira entre cómplice y compañero.

Que de verdades también nos alimentamos, asumiendo que no todos los platos son dulces.

Sabes del tacto, del juego entre el reborde de la copa y tus labios, de perseguir la tinta de mis tatuajes con los dedos (primero). Sabes poner las cartas que te escribo sobre la mesa y deshojarlas para llenarlas de piel, la mía.

Sabes que quererte es un ejercicio de inmortalidad, y ¿sabes? me gustas de un modo casi obsceno. Me gusta cuando le haces la coleta a Amanda, y le enredas el pelo y las ideas. Me gusta pensarte llegando a la cima con tus amigos. Me gusta que seas valiente, y vulnerable. 

Sabes que reduces los miedos a migajas, y multiplicas la alegría por cientos de banquetes cocinados por nosotros mismos. 

De sobras sabes que eres.

Y que no miento si juro. 

Abril, 2023.


28 de julio de 2022

Soy más de sonreír que de reír

"Soy más de sonreír.." me decía, sabiendo que esa conjugación de palabras iba a explotar en la boca, de mi estómago, que es donde terminan bailando todos sus juegos semánticos. Y es que el mundo tampoco está para muchas risas, y eso que él lo habita alegremente, como alegremente consigue cambiar(me)lo. 
De entre la multitud que a veces camina con vientos de revolución, yo siempre lo encuentro, en un ejercicio de reconocimiento sutil por la anatomía de esas imágenes que las redes nos regalan para convertirlas en herramientas habitables. 
Su voz es la del pueblo, o a la inversa, y se mezclan sobre escenarios de madera vieja que palpitan a cada paso que él da, porque de todo nace un corazón, sí él lo toca. 
No hemos compartido todavía ningún silencio, pero sin hablar me recuerda que estoy viva, y que la tristeza forma parte del camino. También lo dice cuando sonríe. 
Acordes, estrofas, hojas de libreta, dibujos de héroes, canciones, expresiones la tierra que habita, movidas madrileñas y otros modos de ser una jodida y bendita persona maravillosa. 

20 de abril de 2022

Cosas que -tal vez- ya sepas

Eres. En ese presente absoluto y pleno que implica el ser, tan lejos del estar y tan cerca de mí. Eres mirada conciliadora en tiempos de incertidumbre, caricia serena cuando el trueno acecha, hogar cálido en el frío invierno. 

Eres porque sabes de sonrisas a deshora, que visten las ausencias con acordes infinitos, como las carreteras que nos llevan al norte cuando tenemos sed de rock, cerveza y kutxitriles. 

Eres el dulce castigo que me abre los ojos las mañanas de los sábados, cuando las resacas son de sudor y sólo las sábanas han sido testigo de cómo y cuantas veces nos hemos colocado esa noche (y de cuántas maneras). 

Eres mis pies en la tierra cuando sólo quiero volar (por los aires). 

Eres quien frunce el ceño cuando friega algún vaso y murmura eso de "hay quienes mueren por no tener el agua que nosotros malgastamos". Yo no te lo digo pero en esas expresiones todavía eres más, y yo sólo puedo mirarte y pensar en la puta suerte que tengo de tenerte al lado maldiciendo al capitalismo. 

Eres ese compañero que decide voluntariamente caminar a mi lado y construye castillos con los vasos de plástico vacío que nos sirven en los bares oscuros que cerramos mano a mano. Y mano a mano cantamos nuestras canciones, que son todas, e inventamos versos que se pierden casi siempre por los callejones que nos vieron caer. Y levantar.

Eres valiente, sin ser violento, y joder! Ahí ya (me) ganas. Aunque puestas a ser (sinceras), te diré que ganas me sobran a la hora de ser contigo, que es el modo más jodidamente maravilloso de ser persona.

Eres conversación lúcida, capaz de dejar atrás los demonios que te asustan, confiando con los ojos muy abiertos, porque para eso es el mar que los albergan, para que nademos desnudas hacia el fondo, lejos de tormentas y nubes negras. 

Eres 20 de abril, porque hace dos años que me propusiste jugar a un juego de niñas, con bocatas de pan Bimbo cortados en triángulos y en sólo dos días hicimos de él la mejor fiesta de cumpleaños. 

Que sigas siendo, mi compañero. Que sigas siendo mi compañero. 


21 de abril de 2021

Cosas que -tal vez- todavía no sabes

- Algunas cosas que he hecho contigo, sólo las he hecho contigo.
- Hace un año que mi estómago palpita cada vez que te miro, que te pienso.
- Te admiro.
- Eres el hombre más guapo que conozco.
- Cuando te acercas los miedos huyen, traes la calma (que dice nuestro cantautor), la dicha y la alegría.
- Tu cuerpo es un templo sagrado y perverso. Perfecto engranaje de órganos que hacen música.
- En clase, mis ojos se enfrentan a los tuyos en una batalla que huele a futuro inmediato y que termina -también- entre sudor y movimiento.
- Confío plenamente en ti, nunca he sentido la necesidad de limitarnos con interrogantes.
- Adoro cuando dices "sí" antes de terminar la propuesta, que es siempre. Te adoro siempre.
- Tu bondad no conoce jaulas, tu valentía tampoco.
- Construir cimientos contigo es una tarea sencilla y placentera.
- Te aprendo, te respeto. Me aprendes, me respetas.
- Cada día me duele la tripa de reír contigo, aunque esto sí lo sabes bien.
- Sonrío pensándote. Sonrío antes de leer cualquiera de tus mensajes, durante y después. 
- Eres mi clase de química bien orientada, de literatura francesa. Mi clase obrera, mi lucha de clases.
- Me divierto contigo hasta cuando no estás ahí. 
- Creo en ti, en tu trabajo, en tus manos y en tu cabeza sana y lúcida.
- Te huelo en la distancia. Sé cuando entras en un lugar sin girar la mirada. 
- Eres 22 de abril. Eres todos los días de mi vida. 

20 de marzo de 2020

Miedos, culpas y otras pandemias

Menos de siete días han bastado para ser testigos del nacimiento de esa densa incógnita que somos nosotros mismos. Con cierta dificultad, me declino hacia mi hogar, que soy yo misma, frente a los miserables y sus miserias, los condenados y sus condenas, los asustados y sus miedos, los culpables y sus mentiras..
Ahora no puedo escapar de mí, por muchas redes antisociales y presuntuosas que me arrastren a la evasión, no son reales, no saben de tacto, ni de sonrisas. Sí, los acordes pasean por ellas y nos atraen, nos excitan como la puta droga que siempre ha sido la música, pero sigue sin ser verdad.
Estos días no hay miradas cómplices, salvo las que dirigimos hacia nosotros mismos, y es ahí donde -sumamente acojonados- descubrimos quienes somos, y lo que asusta más: la distancia eterna o apenas imperceptible entre eso que somos y lo que siempre hemos deseado ser.
¡Vaya putada nos ha hecho este virus! Un día corremos hacia no sabemos dónde para escapar de no sabemos quién o qué (o sí), y al siguiente estamos lidiando contra un enemigo milimétrico que crece en forma de aburrimiento, de depresión, de falta de imaginación y de todas y cada una de las traducciones que queramos darle a la expresión "no me conozco". Y en esas andamos, lamentándonos todo el tiempo, o buscando mil y una alternativas para no chocarnos de frente con nosotras mismas y darnos cuenta de que nos gustamos un poco menos de lo que creemos.
Unas veces me siento hogar, y otras tantas, soy una batalla campal. Creo en ambas de igual modo y con la misma intensidad. A veces, mi piel es movimiento en calma inusual, hasta que en algún giro me detengo a mirar mis heridas. Entonces soy grito, casi siempre de auxilio. Lo jodido en estos tiempos es que nadie puede oírte.
Saldremos de esta. Je.


23 de octubre de 2019

Te sigo recordando, Amanda

En un año me has enseñado a reconocer unos ojos transparentes y libres de prejuicios. Me has regalado casi a diario una sonrisa, una caricia y últimamente alguna palabra. Me has sacado las dudas, como si fueran espinitas, cada vez que me he sumergido en el mar que las habita. He sabido gracias a ti que los niños preferís jugar con cosquillas y canicas a tener un móvil en las manos. También he batallado con los miedos más atroces cada vez que te venía a visitar la fiebre. Del amor incondicional ya sabía, pero tú lo has elevado a niveles inimaginables. He aprendido a respetar tus gustos, en todos los sentidos, y -a pesar de mis ganas locas de enseñarte mil canciones- he desechado la idea de inculcártelas como doctrina. He sentido y siento nuevamente la vulnerabilidad de fantasear con una nueva vida, que llegue de lejos, de dónde no tienen apenas nada, también gracias a ti.
Ojalá, Amanda, se cumplan todos tus sueños, que sé que son muchos y bonitos. Me asusta que no sepas llorar, aunque sé que es esa extraña "característica" que te hace ser diferente al resto de personas.
Ojalá todo Amanda. Ojalá siempre.

1 de octubre de 2019

Magia pura

Algunas canciones tienen la particularidad de hacerte creer que la vida es más sencilla de lo que aparenta. El de Sevilla sabe de eso, al final va a ser cosa del sur. Me lo imagino, así con sus aires de cierta debilidad, desvistiendo al mundo y dejándolo endeble y descalzo, mientras garabatea en su viejo cuaderno. Pero esto lo cuenta mi cabeza, que también es todo un mundo, y a veces se deja deslumbrar por la silueta de un amanecer que apunta maneras (de vivir).
Detrás de ese dejarme arrastrar por la incertidumbre, no me voy a engañar a estas alturas, hay un montón de luceritos que parpadean a modo de brindis. Y saltan, y gritan y me susurran que me acuerde de las tardes en las canchas cuando el flamenco no sabía de penas ni de puñaladas. Y entonces ya la bajada sin frenos por la cuesta más pronunciada de cualquier carretera del pueblo donde veraneabas: así viajan a veces, pocas, los buenos pensamientos. El rock, las tardes de más vino que rosas, la disconformidad ante lo impuesto, el orgullo de pertenecer a un barrio con olor a sardinas.
La vida ahoga cuando se pone puta, pero si la miras de frente te das cuenta de que también sabe de miedos y tristezas. Quizás sólo necesite a sus amigos, un poco como yo.
Algunas canciones tienen la particularidad de hacerte creer que es más sencilla de lo que aparenta, y como todo lo sencillo, son las más bonitas.
Cuento las horas para sentirlas, esta vez en casa, que es el bar de madera aquel. Con mis amigos, que son magia pura.


2 de enero de 2019

Un año más, un año menos..

Mi amiga Raquel dice que si ves claramente que algo no es bueno para ti y continúas ahí, toda responsabilidad recae sobre ti. Imagino que tiene razón, con el matiz de que no solo la vista forma el mapa de nuestros sentidos, ni siquiera -en algunos casos- se podría definir que hay sólo cinco. Pero sí, esencialmente, hay situaciones que son como si alguien te regalara un pasaje para viajar en el Titanic y tú lo aceptas con la ilusión y la convicción de que es lo que más deseas en el mundo. Lo triste, y grave, es que te sabes bien la historia, y conoces el final. 
Imagino que por esa razón una termina queriéndose un poco menos de lo que ya lo hacía, si eso es posible. El camino del “autoperdón” es largo y -en ocasiones- tenebroso; y el duelo de la dignidad tiene demasiados tentáculos. A pesar de que la ayuda externa es bienvenida y necesaria, jamás es suficiente para saldar esa deuda tan grande que has contraído contigo misma. 
En esas estamos, en esas seguimos y en esas permaneceremos, en un plural obligado y justo que incluye a un montón de personas que han considerado opción posible y válida el hecho de regalarme su tiempo, su casa, su hombro, su alegría y su estima. La amistad es para mí lo más importante del mundo, lo digo así de clara y sencillamente. Si alguien ha tenido la ocasión de ver Vientos de agua, recordará esa escena en que Gemma, siempre lúcida, dulce y maravillosa, entona un discurso acerca de la importancia de no rendirse, “siempre avanti” y al final, casi ya en un susurro pero con la mirada segura y confiada añade “no estás sola”. 

Que el 2019 os ponga en el camino a personas bonitas, auténticas y honestas. Salud, calma, amistad, amor/sexo (me niego a separarlo), música, trabajo (os adoro, enanxs), deporte.. Creo que en ese orden pero no estoy segura. En cualquier caso, que os depare momentos bonitos. Ojalá sea así.. 

23 de octubre de 2018

Amanda

Ojalá tengas a tu madre y a tu padre hasta que seas viejita, y les cuides y admires. Ojalá crezcas en un entorno de alegría. Ojalá nadie te aparte las piedras que encontrarás en el camino, que tropieces con ellas y tú mismas escojas con las que quieres volver a tropezar. Ojalá te rompan el corazón, eso quizás signifique que has amado sin condiciones. Ojalá cada vez que brindes resuenen en tu copa tres palabras: amistad, justicia y coherencia. Ojalá no te cuenten historias, que seas tú misma quien las construya a base de esfuerzo e ilusión. Ojalá fabriques unos ideales sólidos, hechos a tu medida, que luches por ellos con sed de triunfo pero sin tiranía. Ojalá no hagas daño, aunque te lo hagan a ti, que sepas alejarte con entereza de lo que no vaya contigo o de quien no quiera ir contigo. Ojalá mires del mismo modo a tu jefe que a la señora de la limpieza, y ojalá nunca quieras ser jefa de nadie. Ojalá tu cuenta bancaria tiemble con la misma risa que puedas temblar tú cada vez que compartas aventuras y desventuras con tus amigos. Ojalá hagas muchos regalos y compres pocos. Ojalá sientas la música en las entrañas. Ojalá sepas compartir, hasta cuando sólo tengas un pequeño pedazo de pan. Ojalá vivas con muchos animales y sean tu familia, no tus mascotas. Ojalá persigas tus sueños y no desfallezcas en el intento. Ojalá no escuches a quienes te digan que algo no está a tu alcance. Ojalá siempre, y ojalá todo.

17 de abril de 2018

Freud, Kant y otros asuntos

Te lo digo desde el convencimiento más firme "siento mucha pena por todas esas personas que no se han caído nunca, que viven en una línea recta". Él siempre concluye las conversaciones con frases de este tipo, porque sabe, también desde el convencimiento más firme, que toda alumna tiene una fe ciega, casi mágica, en las palabras del que fuera su maestro. Quienes tendemos a sentir con las manos llenas de nada y la fuerza desgarradora de un ciclón necesitamos en nuestra vida a ese ser que, sabiendo de lo que hablamos, consigue llevarte al otro lado para que puedas echarte un vistazo con un poquito de distancia. Una vez allí, es otra dimensión, como un mundo paralelo desde donde te reconoces a medias. 
Yo, y también lo digo desde el convencimiento más firme, siento una profunda admiración por todas esas personas que acaban con el agua hasta el cuello, porque quieren ver el panorama desde abajo, porque sólo en ese espacio reducido que casi ahoga, puedes agarrarte a ti misma y encontrar tu puto punto de fuga. Admiración, nuevamente, por quienes aprendemos a valorar lo que tenemos, porque algún día no tuvimos más que miedo. Admiración por los que hemos besado el suelo enfangado tras unos pasos que nunca alcanzaremos. Por los que, en nuestra lucha eterna por llegar a algún lugar y -estando a escasos centímetros de la meta- retrocedemos para rescatar a quién sea y lo volveríamos a hacer cien mil veces. 
Y en estas llega Freud. Y Kant. Y otros asuntos.

8 de enero de 2018

Ya nada es lo que era

Yo caminé hace poco de su mano. Esas manos que te llevan a algún lugar. Esos lugares que te recuerdan que aún puedes abrir los ojos y sentir que hay más de luz que de oscuridad. Con treinta y todos no se puede jugar a caer, porque las hostias pasan de ser aprendizaje a herida que, quizás, nunca cicatrice, o quizás sí. El caso es que yo, mirando con perspectiva, jugué a caminar de su mano, con la parte de espejismo que implica jugar a caminar. Creí que me comía el mundo cada vez que le daba un bocado a cualquier dulce esfera, hueca. Me sentí marea entre tanta costumbre, niña que corre sobre el asfalto en una carrera improvisada.. y bueno, perdí.. un pendiente, y un trocito de sonrisa. Encontré a Pop, después de buscarla por muchos rincones. Y pinté, con un temblor hijo del miedo, el paso del tiempo y el recuerdo de una gran ausencia. Supe de versos y canciones que hablaban del rimel negro que usaban sus pestañas para esconder una mirada esclava de otra mirada. 
Algunos días camino sola, y mi mano no tiene demasiadas ganas de colocar los astros en fila. Imagino que alguien puso sobre ella un puñado de palabras extrañas, que encierran verdades, como el puño que ahora es. Una mano sola, que llora cuando su compañera señala otros planetas.

18 de diciembre de 2017

Volver a ser una niña

Se sentaban delante de una mesa antigua de escritorio con un mundo de plástico duro en frente. Lo hacían girar y cada uno colocaba el dedo donde sus instintos le susurraban. Ella siempre sentía frío y jugaba a enfadarse cuando le tocaban destinos polares. Él nunca tuvo preferencias, sólo quería huir de la tierra que acoge a sus seres queridos desde hacía unos meses. No hay nada más bonito que soñar con lo que deseas, sin demasiado apego a esos trocitos de anhelos, con cautela, acariciándolos con tacto de abuela. Si les aprietas, se asustan y se alejan. Por eso decidimos no hacerlos prisioneros y dejarlos que ellos decidieran si querían huir o ser frío.
Algunos días, buscaban refugio en tiendas de discos, ambos habían crecido con música. Ella soñaba con bailar como su madre, que se movía como la gitana que era. Él le explicaba que su padre era pianista, llevaba tirantes y bebía vino blanco. Las ausencias pesan menos cuando las compartes con otras ausencias.
Ella se caía casi todos los días, él tropezaba de vez en cuando. Nunca se atrevieron a tener tiempo para saber mucho más el uno del otro, o quizás entendieron que la información que conocían era suficiente como para no hacerse demasiadas preguntas.
Una mañana, ella había muerto de miedo, y él le hizo un regalo. No le dio las gracias, sólo le contestó con un retal de su mirada triste y lloró. "Te vi cómo los mirabas". En las manos de ella, dos zapatos de niña rojos con lunares blancos. Ese es el destino que hoy mis dedos quisieran señalar, volver a ser una niña.

8 de octubre de 2017

Palabras

Hablaban, se escribían con las ganas locas de quien vislumbra una especie de desastre inminente, y siente la necesidad de vaciarse de palabras. Algunas veces, cuando pensaban que ya se lo habían dicho todo, recurrían a canciones y entonces abrían quince frentes más que les hacían pensar, muy para adentro, algo así como "menos mal, esto acaba de empezar".
Una noche, cada uno en su sillón del mundo, decidieron brindar por la distancia, que desapareció con el tacto frío de aquellos vasos verdes de Duralex. Ambos habían sido pequeños hace demasiado, y se habían enfrentado a la aventura de sobrevivir en un espacio/tiempo extraño. Ella le habló de Edith Piaf, le explicó que es una de las pocas personas que se sintió enamorada de su propia voz cuando la escuchó por primera vez en una grabación. Él no dejaba de volar, por encima de los océanos.
Hablaban. Y algunas veces se entendían. Y se vaciaban de palabras. Ojalá no fuera así, pero los dos conocían demasiado bien la sensación de tener que soportar el peso de un desastre inminente.

6 de septiembre de 2017

Días

Hay días en que aprieto el verbo poder con las manos, pero sólo veo alambradas. Me incomoda el silencio, y el ruido apesta a himno añejo. No sé si quiero o debo, y el presente es un tiempo que cambiaría en un chasquido de dedos que ni siquiera sé entonar. Lamentarme me produce un cansancio impermeable, y mi piel se hace transparente dejando a la vista todos los órganos que allí habitan, con sus cicatrices remachadas e imperfectas.
Sin embargo, hay días de olor a jazmín, y de rituales obscenos que provocan una turbia y maravillosa explosión de cualquier termómetro que se atreva a acercarse a mí. Me atraen los sabores orientales y bebo con la certeza de un previsible pero siempre único estado de conjunción mayúscula, de entendimiento profundo e irrepetible.
Hay días que ni blanco ni negro, ni torpe ni hábil. Ni nada. Días de nada. De paso del tiempo. Ni indultos, ni castigos. Ni tembleques, ni estatismo. Ni nada. Ni bueno, ni malo. Ni ser, estar o parecer. Ni nada.
Hay días de abundancia. De vicio, de pecado, de lujuria, de sexo, de ron. De todo.
Hay días de mierda, de vida, de mirar hacia atrás, de cerrar los ojos. Hay días de nada. Y hay días de todo. Pero a ti, cariño, te miro. Y siempre veo noches.

30 de mayo de 2017

Los mismos bares

Tenía una "libreta de reflexiones" que sacaba de su mochila en las noches de tequila, limón y juegos de lengua y desafíos. A veces ojea sus páginas, vestidas de cientos de "te quieros" que avivan la teoría causa efecto/ alcohol amor. Cuando se siente muy sola, le invade la tentación de creerse alguno de ellos, y pasar por alto el escalofrío de los silencios infinitos.
Sonríe mientras sus pupilas se deslizan por la genialidad de algunas frases, escritas desde el estómago comprimido a punto de vomitar. "Aquí estoy borracha, en este bar de dudas", esa es su preferida. La escribió en Berlín, durante un concierto de jazz de un tipo con melena y ojos huracán. ¿Qué será de él? ¿Se habrá cruzado con la felicidad?
Le da un poco de miedo colocar sus recuerdos en la parcela de tiempo que les corresponden, y no por nostalgia o añoranza, sino por los dos dígitos numéricos que los separan ya de su presente. De todo empieza a hacer ya demasiado tiempo, y algunos sueños siguen en su libreta de reflexiones, dispuestos a salir volando de esas páginas y caer en plan meteorito delante de su mirada triste "creías que no nos volveríamos a ver? va! desnúdate!"
Y algunas noches vuelven a escribir. Ahora hay más certezas que dudas, maldita sea. Y más limón que tequila. Maldita sea también.


27 de febrero de 2016

Patrones

Nos obligaron a vivir por debajo de casi todos, rindiendo pleitesía a una disciplina ajena, que ni entendimos ni compartimos nunca. Nos hicieron inseguros a golpes de comparaciones, colocándonos en el escenario de los perdedores, desde donde mirábamos las estrellas a escondidas, soñando con algo diferente. Aprendimos a callar y a ocultar el miedo como acto de dignidad, tratando de ser solidarios con la alegría que -como niños- debíamos tener, pero que ni siquiera conocíamos. La calma, como un edificio apuntalado, se desvanecía un par de veces al mes, cuando nos atrevíamos a explorar algún terreno desconocido, atractivo, impensable entonces. 
Fuimos los primeros, pero eso no bastaba para palmear nuestras espaldas o entonar un "ey, qué bien lo estáis haciendo". Nos quisieron, sí, y sacrificaron su vida por nosotros y -con ella- nuestros sueños. 

No creo en las obligaciones. Me gusta amar desde arriba, rindiendo pleitesía a un cuerpo ajeno que no sepa a disciplina, entendiéndolo, conociéndolo y compartiéndolo. Busco la seguridad que perdí en alguna comparación y pocas cosas me ilusionan más que colocarme ante cualquier escenario y escuchar las estrellas. Me encanta hablar, y daría parte de mi vida por vencer los monstruos que todavía habitan bajo mi calma. Que la vida es sueño. Y que cada día sueño con un trocito de vida.

23 de febrero de 2016

Anís

Siempre quiso escapar de la oscuridad. Tenía el convencimiento de que en la sencillez encontraría ese pequeño foco de luz que se ocupara de desenredar los nudos firmes de la sinrazón. Algunas veces, eran los dedos de G. -ya heridos de tiempo y cansancio- quienes iluminaban su mirada. Las pocas horas que compartían sabían a una mezcla entre anís y derrota. Una miraba al futuro con desconfianza, la otra no tenía futuro hacia donde mirar. Pero juntas tejían una bufanda de colores y agujeros negros, que les permitía brindar por la vida entre punto y punto.
Le gustaban los mensajes cortos, sin adornos. Y siempre quiso escapar de la oscuridad. Por eso se sentaba delante de su abuela, que todavía tiene dos focos de luz en la mirada.

18 de noviembre de 2015

Pensamiento mágico

El pensamiento mágico consiste en atribuir un efecto a un suceso determinado, sin existir una relación causa-efecto comprobable entre ellos. Así, podríamos poner como ejemplo la fe o la superstición, pero a Eme siempre le pareció mucho más interesante el uso que -de tal pensamiento- hacen los niños, porque Eme -algunas veces- es una niña que mira -cansada- la batalla eterna entre sus monstruos y superheroes. En los días de lluvia, camina cabizbaja, como si el peso de la oscuridad empujara su mirada hacia cualquier charco que albergue reflejos. La niebla, en cambio, baila a contraluz, con un movimiento ligero y circular, tan de labios que juegan a resistirse, tan de beso al fin y al cabo. El niño de verde le explica estos cuentos a Eme y ella que -algunas veces- también es una niña salta sobre el primer charco sin reflejo y atraviesa la niebla y entonces la arrastra la magia del pensamiento. Eme coge impulso y -aunque nunca aprendió a volar- sí sabe tocar el cielo. Y allí, tan arriba, se encuentra con el mismo reflejo del charco. Suelo y cielo separados por una neblina que baila a contraluz.
El peso de la ambivalencia, los buenos y los malos, el miedo, la oscuridad, el pensamiento mágico.. Pasear, cabizbaja, con la mirada hacia cualquier charco y ver el reflejo de un niño que viste de verde, y explica cuentos de niebla a contraluz. De pequeñas gotas que corren hacia arriba, como buscando canciones. Algunxs creen que son gotas que andan descentradas, como locas. Yo prefiero pensar que están vivas.

1 de noviembre de 2015

Avanzar

"Llévame. Guíame. Ve delante" Porque -de ese modo- parece más sencillo avanzar. Avanzar, ese es el verbo al que nos agarramos como si su propia condición de movimiento nos empujara a otro lugar. Lo que nadie nos asegura es que esa nueva situación implique mejora, pero -aún así- avanzamos, porque nos creemos muy valientes y capaces de dar ese salto hacia el siguiente nivel. Sólo espero que -al final de la partida- no tengamos que tragarnos nuestra prisa por avanzar; que no miremos atrás y se nos retuerza el alma al entender que -allí abajo- un montón de porqués nos miran indefensos, como diciéndonos "joder, corriste demasiado, y aquí no estabas tan mal".
En mis carreras, la línea de salida coincide con la linea de llegada. Piso la meta, que es exactamente ese trozo de asfalto que un rato antes sostenía un cuerpo menos cansando. No quiero avanzar en un tiempo. Discúlpenme si me quedo atrás, desvistiendo a todos esos porqués hasta conseguir entenderlos, entenderme. Quizás entonces comprenda el auténtico significado del término avanzar, sin necesidad de huir.